Emitido en 1971, puso en el papel moneda chileno la imagen anónima de un minero y el recuerdo de una ley aprobada por el Congreso por unanimidad.

Cada 11 de julio, Chile recuerda una de las decisiones más simbólicas de su historia económica: la nacionalización del cobre. Ese día, en 1971, el Congreso aprobó por unanimidad la reforma constitucional que permitió al Estado asumir el control de los principales yacimientos de cobre, salitre y hierro que estaban en manos de empresas extranjeras.

La decisión no solo modificó la estructura productiva del país. También necesitó símbolos. Y uno de ellos quedó impreso en un billete que, con el paso del tiempo, se transformó en una de las piezas más emblemáticas de la numismática chilena: el billete de 500 escudos.

El directorio del Banco Central fijó sus características en la sesión del 7 de julio de 1971. Luego, el Ministerio de Hacienda las formalizó mediante el Decreto N° 1.497, firmado por el Presidente Salvador Allende y el ministro de Hacienda Américo Zorrilla, publicado en el Diario Oficial el 13 de septiembre de ese año.

La emisión respondía a una necesidad económica concreta, en medio de un proceso inflacionario creciente, pero también transmitía un mensaje político y cultural: la nacionalización debía quedar inscrita en el dinero que circularía entre los chilenos.

El billete de 500 escudos tenía una dimensión de 145 por 70 milímetros y fue impreso en papel blanco, de igual calidad y apariencia que los demás billetes del período. En su anverso aparecía la figura de un minero chileno con casco, en color rojo burdeos, sobre un fondo que representaba un establecimiento minero. En la parte inferior, ocupando la base del billete, se leía la leyenda: “1971, Año de la Nacionalización del Cobre, Salitre y Hierro”.

Ese detalle lo volvió excepcional. A diferencia de la tradición chilena, marcada por próceres, presidentes, militares o figuras consagradas de la historia nacional, los 500 escudos pusieron en el centro a un personaje anónimo: un trabajador minero.

La imagen del minero pudo haber estado inspirada en la estatua ubicada en la puerta 1 de Chuquicamata, aunque ese punto nunca lo phe podido acreditar completamante. Solo me lo contaron.

La filigrana o marca de agua correspondía al retrato de Diego Portales de perfil, mirando hacia el centro del papel moneda.

En el reverso, al lado izquierdo, dentro del óvalo de la filigrana, aparecía el Escudo Nacional. Hacia la derecha destacaba una viñeta de la mina Chuquicamata en color rojo burdeos, acompañada por la palabra “Chuquicamata”. Debajo se imprimió una frase de José Manuel Balmaceda: “No debemos consentir que esa vasta y rica región sea convertida en una simple factoría extranjera”.

El grabado estuvo a cargo del maestro chileno-español José Moreno Benavente, quien trabajó durante décadas en la Casa de Moneda de Chile. Los billetes de 500 escudos comenzaron a circular el 7 de julio de 1972 y se mantuvieron vigentes hasta septiembre de 1975, cuando el escudo fue reemplazado por el peso.

El billete de 500 escudos fue, así, mucho más que una denominación de alto valor en tiempos de inflación. Fue una pieza conmemorativa, una declaración política y una rareza iconográfica: el único billete chileno de circulación nacional que puso como figura central a un personaje anónimo, un minero, en lugar de un prócer de la historia.

Las distintas emisiones

La pieza tuvo dos emisiones. La primera llevó las firmas de Alfonso Inostroza Cuevas, como presidente del Banco Central, y Jaime Barrios Meza, como gerente general. Después del Golpe de Estado hubo una emisión firmada por el general Eduardo Cano Quijada como presidente y el gerente general Carlos Molina Orrego.

La historia de esas firmas agrega una capa política al billete. Barrios, cuya rúbrica aparece en la primera emisión, había sido asesor económico de Ernesto Guevara en Cuba y luego se integró como asesor del Presidente Salvador Allende. El día del Golpe estaba en La Moneda. Su rastro se perdió el 13 de septiembre de 1973, después de su paso por el Regimiento Tacna.

La coincidencia de fechas es estremecedora: el mismo 13 de septiembre en que se perdió el rastro de Barrios en 1973, dos años antes había sido publicado el decreto que dio vida al billete de 500 escudos.

Usado como pasaporte y pieza especial

En sus años de circulación, el billete también acumuló relatos propios. Uno de ellos, que me contó Luis Guastavino cuando trabajanmos en la Subsecretaria de Desarrollo Regional en 1994 era que, después del Golpe, fue usado como una suerte de “pasaporte” informal en reuniones clandestinas de militantes de izquierda: para entrar, había que mostrar que se llevaba uno de esos billetes en la billetera.

Entre coleccionistas existen algunas piezas especiales. Algunas piezas circularon sin la frase de Balmaceda en el reverso, lo que las hace escasas y apetecidas por los coleccionistas.

El hermano que nunca vio la luz.

El decreto tenía, además, un “hermano menor” que nunca alcanzó a circular: el billete de 50 escudos. Esa pieza proyectada tendría como figura central a un campesino con un campo cultivado de fondo. Bajo la imagen iría un verso de Pablo Neruda: “La tierra es tuya, pueblo, la verdad ha nacido contigo, de tu sangre”. En el reverso se contemplaba una escena titulada Araucanos al ataque de Collipulli, acompañada de versos de La Araucana, de Alonso de Ercilla. Pero el diseño no llegó a concretarse. El campesino quedó como idea; el minero, en cambio, alcanzó a circular y se convirtió en una de las imágenes más singulares del papel moneda chileno.

Por cuidro

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