Del oro colonial al billete del minero: 5 piezas icónicas de Chile en subasta Al Sur del Mundo
Una moneda acuñada durante el reinado de Fernando VI, los ocho escudos conocidos como “Mano sobre la Constitución”, un excepcional álbum de la Guerra Civil de 1891, los escasos dos escudos de Caupolicán y un billete de 500 escudos sin la frase de Balmaceda forman parte del remate.
Las monedas y los billetes no solo permiten reconstruir la evolución del dinero. En sus diseños, metales, personajes y leyendas también quedaron registrados los cambios políticos, las disputas por el poder y la forma en que Chile buscó representarse en distintos momentos de su historia.
La novena subasta de Al Sur del Mundo reúne 2.023 lotes y aproximadamente 2.500 objetos. Entre ellos aparecen piezas que conducen desde los primeros años de la Casa de Moneda de Santiago hasta la nacionalización del cobre, pasando por la construcción de la República y la Guerra Civil de 1891.
Seleccionamos cinco que destacan no solo por su escasez o valoración económica, sino por las historias que llevan consigo.
Los ocho escudos de Fernando VI y los primeros años de la ceca de Santiago
Una de las piezas más antiguas del catálogo es una moneda de ocho escudos de oro acuñada en Santiago en 1759, durante el reinado de Fernando VI.
Su fecha la sitúa apenas una década después de que comenzara la producción monetaria en Santiago. La Casa de Moneda había sido autorizada por la Corona española en 1743 y entregó sus primeras piezas en 1749, poniendo término a la dependencia que tenía Chile de las monedas llegadas desde otras cecas americanas.


Los ocho escudos eran conocidos también como “onzas” y se encontraban entre las monedas de mayor valor del sistema colonial. Esta pieza fue confeccionada en oro de 917 milésimas, pesa cerca de 27 gramos y lleva la inicial J del ensayador.
Su anverso mantiene el busto del monarca español, mientras el reverso exhibe el escudo coronado de la monarquía. Chile todavía no tenía símbolos monetarios propios: cada moneda producida en Santiago declaraba su pertenencia al Imperio español.
El catálogo la estima entre US$4.000 y US$8.000. Aunque el título del lote menciona por error a Fernando VII, la fecha y sus características corresponden al reinado de Fernando VI, fallecido precisamente en 1759.
Una mano apoyada sobre la Constitución
Otra de las monedas destacadas corresponde a ocho escudos de oro de 1838, conocida entre los coleccionistas como “Mano sobre la Constitución”.
Chile llevaba dos décadas de vida independiente y ya había reemplazado los retratos de los reyes por símbolos republicanos. La moneda muestra una mano apoyada sobre el libro de la Constitución, una imagen vinculada al orden institucional que la naciente República buscaba proyectar.


La pieza fue acuñada cinco años después de la promulgación de la Constitución de 1833, que estructuró un régimen presidencial fuerte y rigió al país durante casi un siglo. El diseño convierte al texto constitucional en un símbolo de estabilidad y legitimidad política.
Es también una muestra del cambio que experimentó la moneda tras la Independencia. El dinero dejó de proclamar fidelidad al monarca y comenzó a difundir conceptos como República, Constitución, libertad e igualdad.
La pieza fue confeccionada en oro, pesa 26,79 gramos y tiene una estimación de entre US$3.000 y US$5.000.
El álbum que registró el dinero de emergencia de 1891
Una de las piezas más sorprendentes no es una moneda ni un billete individual. Se trata de un álbum impreso en Iquique por Rafael Bini durante la Guerra Civil de 1891.
Su portada anuncia una colección de billetes bancarios, vales municipales, documentos ferroviarios y fichas particulares emitidos en Iquique entre el 10 de marzo y el 28 de agosto de ese año.
La guerra entre el Presidente José Manuel Balmaceda y las fuerzas del Congreso también tuvo consecuencias monetarias. La interrupción de los circuitos comerciales y la necesidad de pagar salarios y mantener los intercambios llevaron a empresas, municipios y ferrocarriles de la zona salitrera a emitir sus propios vales y medios de pago.
Rafael Bini fue uno de los impresores más importantes de ese período en Iquique. Se especializó en producir billetes privados y vales-salario en papel y cartón, según registran estudios conservados por Memoria Chilena.
El álbum reúne esos documentos y agrega un desplegable con retratos de dirigentes de la revolución. Más que una colección numismática, constituye un testimonio material de cómo una crisis política puede alterar incluso las formas cotidianas de pagar.
La casa de remates señala que se conocen muy pocos ejemplares en colecciones públicas y privadas. Su valor estimado se ubica entre US$8.000 y US$12.000.
Los dos escudos de Caupolicán
Un set numismático fechado en 1972 contiene una de las monedas modernas más escasas de Chile: los dos escudos de Caupolicán, acuñados en 1971.
La pieza muestra el perfil del toqui mapuche acompañado de su nombre y de la firma de su grabador, Francisco Orellana Pavéz. En el reverso aparecen el escudo nacional, la denominación y el año.


Caupolicán ya había sido convertido en un personaje central de la narrativa histórica chilena por La Araucana, de Alonso de Ercilla. Su incorporación a una moneda trasladó esa representación al dinero y buscó integrar una figura indígena a la iconografía oficial del país.
Sin embargo, la pieza nunca llegó a tener una circulación masiva. Se documenta la existencia de apenas 106 ejemplares, lo que la transformó en una de las mayores rarezas de la numismática chilena contemporánea. La Biblioteca Nacional conserva el registro de la moneda de dos escudos de 1971.
El conjunto ofrecido en la subasta tiene una estimación de entre US$2.000 y US$4.000.
El billete del minero sin la frase de Balmaceda
La pieza de mayor estimación del catálogo es un billete de 500 escudos de 1971, conocido como “El Minero”.
Fue diseñado para conmemorar la nacionalización del cobre y rompió con una larga tradición: en lugar de un Presidente, militar o prócer, colocó en el anverso a un trabajador anónimo de la minería.
La versión más conocida incluye en el reverso una frase de José Manuel Balmaceda contra la transformación de las riquezas mineras en una “factoría extranjera”. El ejemplar subastado pertenece, sin embargo, a la escasa variedad que carece de esa leyenda.
Su rareza permite observar cómo una modificación aparentemente pequeña puede transformar por completo la valoración numismática de un billete. Ambas versiones recuerdan el mismo acontecimiento, pero la ausencia del texto convierte a una de ellas en una pieza excepcional.


El billete fue aprobado por el Banco Central en 1971 y comenzó a circular en julio de 1972. Su iconografía lo convirtió en una de las emisiones más reconocibles del período del escudo. La versión ofrecida tiene una estimación de entre US$8.000 y US$15.000.
Las cinco piezas recorren más de dos siglos de historia. Pasan del rostro de un rey español a los símbolos de la República; de los vales emitidos durante una guerra civil a la incorporación de Caupolicán y un trabajador minero al dinero nacional. Su valor no está únicamente en su escasez: cada una conserva una parte de la manera en que Chile entendió el poder, la identidad y sus riquezas.

