Las nuevas monedas de $10 y $50: el costo del cobre que abrió paso al acero
El Banco Central comenzará a poner en circulación en octubre de 2026 una nueva moneda de $50 y, a comienzos de 2027, otra de $10. Mantendrán la imagen de Bernardo O’Higgins y convivirán con las monedas actuales, pero usarán un núcleo de acero para reducir la exposición al cobre y al níquel y abaratar su fabricación.
La moneda de $10 que desde 1990 se fabrica con un 92% de cobre dejará de ser la única versión de esa denominación. El Banco Central de Chile anunció que comenzará a emitir una nueva moneda, de menor tamaño y con un núcleo de acero, a comienzos de 2027. Antes, en octubre de 2026, entrará gradualmente en circulación una nueva moneda de $50 elaborada con la misma tecnología.
La moneda de $10 reemplazo al billete de igual valor en 1976. Esa pieza de gran tamaño duro hasta 1980 cuando se reemplazo por una de igual tamaño a la actual, pero que mantuvo a la mujer alada que simbolizaba la “derrota” del gobierno de Salvador Allende. En 1990 con el retorno a la democracia esa imagen se cambió por la de Bernardo O’Higgins.
No se trata de un cambio de valor ni de personaje. Las dos conservarán sus diseños actuales, con Bernardo O’Higgins en el anverso, y serán de curso legal. Tampoco será necesario canjear las piezas antiguas: de acuerdo con el micrositio habilitado por el Banco Central, las versiones nuevas y antiguas circularán simultáneamente y por tiempo indefinido.

El cambio está en el interior de las monedas. En vez de emplear en toda la pieza la aleación cunial —92% de cobre, 6% de aluminio y 2% de níquel—, las nuevas serán fabricadas mediante un proceso que utiliza electricidad para adherir una o más capas de metal sobre un núcleo de acero. Es una tecnología extendida internacionalmente que permite reducir el uso de metales no ferrosos, cuyos precios son más elevados y volátiles.

Una moneda de $10 que cuesta casi cinco veces su valor
La razón económica del cambio es explícita, aunque el Banco Central todavía no ha informado cuánto ahorrará. El organismo se limita a señalar que las nuevas monedas serán producidas de una manera “más eficiente” y que la tecnología reducirá la utilización de cobre y níquel.
La fabricación de las nuevas piezas tampoco estará a cargo de Casa de Moneda de Chile. La gerenta Tesorera del Banco Central, Cecilia Feliú, confirmó que “hicimos un proceso de licitación y ganó una empresa extranjera, la Casa de Moneda de Canadá, Royal Canadian Mint”.
La compañía canadiense desarrolló las monedas y realizó la primera producción, mientras que la histórica entidad chilena perdió la adjudicación por precio. Esto abre una interrogante sobre su competitividad y su capacidad para incorporar la tecnología de acero recubierto.
No obstante, el resultado no la excluye definitivamente: las próximas producciones volverán a licitarse y Casa de Moneda de Chile podrá competir nuevamente con proveedores internacionales.
El problema es especialmente visible en la pieza de $10. Según datos entregados por el propio instituto emisor y publicados por 24 Horas, su costo promedio de producción entre 2022 y 2024 alcanzó a $49,4 por unidad: casi cinco veces su valor facial.
Que una moneda cueste más que la cifra grabada en ella no significa, por sí solo, que el Banco pierda esa diferencia cada vez que cambia de manos. Las monedas pueden permanecer muchos años en circulación. Pero la brecha se vuelve problemática cuando el metal que contienen adquiere un valor superior al nominal y aparece el incentivo para retirarlas, fundirlas o venderlas como desecho.
Eso fue precisamente lo que quedó al descubierto en julio de 2026. Aduanas detectó en Valparaíso más de 3,6 toneladas de monedas de $10 ocultas bajo sacos de chatarra, que una empresa de reciclaje pretendía exportar a China. El cargamento contenía más de un millón de piezas, con un valor nominal de $10.397.850.
La Fiscalía Regional de Valparaíso abrió una investigación por eventuales delitos de contrabando y lavado de activos. El fiscal jefe de Valparaíso, Elizardo Tapia, sostuvo que el valor de venta en el extranjero, debido al metal contenido en las monedas, triplicaba su denominación.
El anuncio del Banco Central llega menos de dos meses después de ese episodio. Sin embargo, no existen antecedentes públicos que permitan afirmar que el intento de exportación haya originado o acelerado la decisión. El caso funciona más bien como una demostración concreta del problema de mantener una moneda de baja denominación hecha principalmente de cobre.
Qué cambia y qué se mantiene
| Denominación | Moneda actual | Nueva moneda | Inicio de circulación |
|---|---|---|---|
| $10 | Aleación cunial; 21 mm; 3,50 g | Núcleo de acero recubierto; 18,7 mm; 3,46 g | Comienzos de 2027 |
| $50 | Aleación cunial; 25 mm; 7 g | Núcleo de acero recubierto; 25 mm; 6,5 g | Octubre de 2026 |
La variación más perceptible estará en la moneda de $10, cuyo diámetro disminuirá de 21 a 18,7 milímetros. Su peso bajará levemente, desde 3,50 a 3,46 gramos. La de $50 conservará sus 25 milímetros de diámetro, pero reducirá su peso de 7 a 6,5 gramos.
El Banco mantendrá las figuras, leyendas y valores de ambas denominaciones. Las nuevas piezas llegarán al público de manera gradual a través de los bancos comerciales, el comercio y los vueltos habituales. Las personas no tendrán que acudir al instituto emisor ni a una sucursal bancaria para reemplazar las monedas que ya poseen.
Las monedas que buscan los coleccionistas
La circulación indefinida de las piezas antiguas tiene otra consecuencia: entre los millones de monedas de $10 y $50 que seguirán pasando de mano en mano existen años y variedades especialmente buscados en el mercado numismático.
El primer caso es 1985. Ese año se acuñaron apenas 400 mil monedas de $10 y otras 400 mil de $50, una cantidad muy reducida frente a las decenas de millones fabricadas en otros períodos, según el registro histórico de acuñaciones del Banco Central. La pieza de $10 pertenece todavía a la serie anterior, con la figura de la Libertad, mientras la de $50 lleva a Bernardo O’Higgins. Su atractivo no proviene de un error, sino de su baja tirada y de la dificultad de encontrarlas en buen estado después de cuatro décadas de circulación.
Entre las monedas de $10 con el diseño actual destaca la de 1997 conocida como “doble fruto”. No todas las piezas de ese año presentan la particularidad. Se trata de un doblado de cuño: durante la preparación de la matriz se produjo una duplicación visible en uno de los frutos de la corona de laureles del reverso. Como el defecto quedó en el cuño, se repitió en un número limitado de monedas fabricadas con esa herramienta, lo que explica su escasez.
Otra variedad famosa es la moneda de $10 de 1999 denominada “19.99”, por el pequeño punto que aparece exactamente en medio de la fecha. El origen del signo no ha sido explicado oficialmente. Especialistas han planteado que su ubicación, demasiado centrada para parecer un simple exceso de metal, podría responder incluso a una intervención intencional durante la preparación del cuño, pero esa hipótesis no está comprobada. El sitio especializado Numisvariantes la describe como una pieza muy escasa.
En la denominación de $50, la variedad más conocida es la que dice “REPÚBLICA DE CHIIE”, con una segunda “I” en lugar de la “L” de Chile. Apareció en monedas fechadas en 2008 y 2009. Las de 2008 se encuentran con mayor frecuencia, mientras que las de 2009 son considerablemente más escasas y, por ello, más apreciadas por los coleccionistas.
En todos estos casos, el año por sí solo no garantiza un alto valor. En las piezas de 1997, 1999, 2008 y 2009 es necesario comprobar que esté presente la variedad específica. También influyen el desgaste, los golpes, la limpieza y el estado de conservación. Los precios publicados en plataformas de venta son únicamente ofertas: no demuestran que una moneda se haya vendido efectivamente por ese monto.
Un cambio preparado desde hace diez años
El paso al acero tiene un antecedente que se remonta a 2016. En mayo de ese año, el entonces presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, presentó al gobierno de Michelle Bachelet un proyecto para modernizar las monedas de $10, $50, $100 y $500, incorporar nuevas tecnologías y obtener un ahorro “significativo” en los costos de producción. El plan contemplaba diseños nuevos y anunciaba su circulación para el segundo semestre de 2017, pero esas piezas nunca llegaron a las manos del público.
Parte del camino legal, sin embargo, sí quedó avanzado. La Ley de Productividad de 2016 modificó el decreto que regula las denominaciones y materiales del peso chileno. Además de permitir el cese de emisión de las monedas de $1 y $5, autorizó que las piezas contuvieran un mínimo de 80% de acero y el resto de otros metales. Esa posibilidad permanece incorporada en el artículo 7 del Decreto Ley 1.123.
Diez años más tarde, el Banco Central finalmente utilizará esa autorización, aunque de una manera más acotada que la imaginada en 2016: no habrá por ahora una familia completa de monedas ni nuevos personajes. O’Higgins seguirá en los bolsillos de los chilenos. Lo que cambiará será el metal bajo su retrato.
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