Banco de Rere: cuando un pequeño pueblo del Biobío llegó a tener sus propios billetes
En 1889, agricultores y comerciantes de Rere fundaron un banco con un capital de $100.000 y encargaron billetes en Londres. Su principal impulsor era un poderoso productor de vino. Las piezas conocidas, sin embargo, conservan en blanco la fecha, las firmas y el sello exigidos para circular legalmente. Uno de ellos mostraba un tren.
Una noticia desde Europa. En enero de 1890, La Reforma, un periódico impreso en el propio Rere, anunció una novedad extraordinaria: «en febrero próximo nos deben llegar de Europa los billetes» del banco local. No eran vales improvisados, sino papeles impresos por Waterlow & Sons, una prestigiosa casa británica.
- Uno de esos billetes, de 10 pesos, ha sido ofrecido en el mercado numismático. La pieza, serie A número 18645, está clasificada como «excedente» y tiene una estimación de entre US$1.500 y US$2.200.

La pieza reabre una pregunta todavía sin respuesta definitiva: ¿los billetes del Banco de Rere llegaron realmente a circular?
Qué era Rere. Actualmente es una pequeña localidad rural de la comuna de Yumbel, situada unos 21 kilómetros al oeste de esa ciudad. Su nombre suele asociarse al carpintero negro, un ave conocida en mapudungun como rere. Pero el pueblo tuvo un pasado mucho más importante.
- Durante la Colonia fue la capital administrativa del Partido de Rere, un extenso territorio dependiente de la Intendencia de Concepción. Después de la Independencia conservó esa importancia: fue capital de la Delegación de Rere y, más tarde, del Departamento del mismo nombre. En 1765 recibió el nombre de Villa de San Luis Gonzaga.
- Los jesuitas convirtieron a Rere en un centro religioso, educativo y productivo. La Misión y el Colegio de Buena Esperanza impartían humanidades y aritmética, mientras sus estancias contribuían al abastecimiento de la frontera. Esa influencia todavía puede verse en el Conjunto Jesuita de Rere, declarado Monumento Histórico en 2012: las tres llamadas «campanas de oro» —la mayor fechada en 1720—, la tumba del padre Juan Pedro Mayoral y una palma chilena. El campanario que actualmente guarda las campanas es posterior: fue levantado por la comunidad entre 1921 y 1923.
- Su economía se apoyó en la agricultura, el vino y los lavaderos de oro. El libro Rere. Apuntes para su historia, de Bernarda Umanzor y Jaime Silva, consigna 181 minas auríferas en explotación en 1845.
- La pérdida de funciones administrativas y el ferrocarril de 1874, cuyo trazado dejó al pueblo fuera de la línea, contribuyeron a su decadencia. A fines del siglo XIX, sin embargo, todavía cruzaban sus caminos carretas cargadas con vino.
- Los terremotos de 1939 y 1960 destruyeron gran parte de su arquitectura, provocando un éxodo masivo de sus habitantes.
Los propietarios del banco. En ese escenario, unos 60 agricultores y comerciantes comparecieron el 15 de enero de 1889 para crear el Banco de Rere. El capital fue fijado en $100.000, dividido en mil acciones de $100, según sus estatutos.
- Juan José Martínez Luna y José María Moreno Tejeda suscribieron 150 acciones cada uno. Los dos controlaban, por tanto, el 30% del capital original.
- Carmen Daroch de Jara, identificada como «comerciante», tomó 12 acciones. La escritura agregó que actuaba autorizada por su esposo, fórmula que muestra tanto su presencia en los negocios como las restricciones de las mujeres casadas.
Los estatutos fueron aprobados por el gobierno de José Manuel Balmaceda el 31 de marzo de 1889. El 20 de julio, el Ministerio de Hacienda declaró legalmente instalado al banco. No fue, por consiguiente, una institución clandestina ni un proyecto rechazado, como afirman algunas versiones posteriores.
El señor de las viñas. José María Moreno Tejeda, presidente y uno de los dos mayores accionistas, permite entender la dimensión humana del banco. No era un financista llegado desde Santiago: era agricultor y una figura influyente de la vida local. Antes de la fundación, el diario El Sur ya lo registraba como su agente en Rere.
Su fortuna aparece retratada en un aviso que publicó el mismo diario en 1895, mientras el banco todavía existía. Bajo el encabezado «Vendo dos de mis fundos», Moreno ofrecía las propiedades Los Ranchillos y Pambilemu, ambas situadas en el departamento de Rere.
- El aviso describía Los Ranchillos con 317 cuadras, 100.000 plantas de viña y una producción ordinaria de entre 2.500 y 3.000 arrobas de vino.
- Pambilemu tenía 107 cuadras, más de 60.000 plantas y producía entre 1.000 y 1.200 arrobas. El anuncio mencionaba, además, bodegas, casas, potreros, canales de riego y facilidades para pagar la compra.
El banco no surgió de capitales abstractos. Detrás había patrimonios construidos con tierra, vino, bodegas y oro que sus propietarios buscaban transformar en crédito.
Los billetes de Londres. El banco encargó al menos dos denominaciones a Waterlow & Sons. El billete de 10 pesos mostraba a Minerva y una escena de agricultores arando con bueyes. El de 20 pesos llevaba una figura femenina con casco y, a la izquierda, una locomotora avanzando entre columnas de humo.

La imagen encierra una ironía. La locomotora representaba la modernidad a la que aspiraba el banco, pero el ferrocarril había dejado a Rere fuera de su recorrido. La tecnología que adornaba sus billetes contribuyó también a la decadencia del pueblo.
¿Circularon realmente? Los ejemplares conocidos tienen número de serie, pero mantienen en blanco la fecha y los espacios destinados a las firmas. Tampoco exhiben el sello de la Superintendencia de la Casa de Moneda.
La Ley de Bancos de Emisión de 1860 exigía esos elementos. Su artículo 14 ordenaba la firma y el sello del superintendente de la Casa de Moneda; el artículo 17 agregaba la firma del propietario o principal director del banco.
Por eso, las piezas conocidas no pudieron circular válidamente como dinero. Eso no demuestra que jamás haya existido algún ejemplar habilitado, pero hasta no hemos conocido alguno con las firmas y el sello requeridos. Decretos de 1893 y 1895 y un balance de diciembre de 1897 prueban, además, que el banco sobrevivió durante varios años.
Más de un siglo después, aquellos papeles incompletos son una huella de la ambición de Rere. Un pequeño pueblo que ya comenzaba a quedar al margen del mapa quiso entrar en la modernidad financiera con un banco propio y billetes impresos en Londres. En uno de ellos dejó estampado precisamente el tren que había pasado de largo.

