La moneda de $100 del centenario del Banco Central y el contraste con otros países
En agosto concluye la conmemoración de los cien años del Banco Central. Su principal recuerdo numismático fue una moneda corriente de $100, una celebración modesta frente a países que utilizan regularmente sus monedas para difundir su cultura, naturaleza y memoria histórica.
Luego de un año conmemorando, el Banco Central de Chile, una de las instituciones públicas más respetadas del país, dará termino a las celebraciones por sus 100 años.
El mandato legal del instituto emisor chileno es velar por la estabilidad de la moneda (controlar la inflación) y el normal funcionamiento de los pagos internos y externos (mantener la estabilidad del sistema financiero). Para cumplir el primero de esos objetivos, conduce su política monetaria procurando que la inflación proyectada se ubique en 3% anual en un horizonte de dos años.
Su autonomía, consagrada en 1989, y la credibilidad alcanzada por sus decisiones técnicas lo convirtieron en una institución observada y valorada dentro y fuera del país. Sin embargo, al momento de celebrar sus cien años, el instituto emisor dejó como principal recuerdo numismático una moneda de $100, además de una muy bien montada exposición en el Centro Cultural Palacio de La Moneda.
La pieza conmomorativa comenzó a en la panadería Tobalaba, en la comuna de Providencia, el 21 de julio de 2025 bajo el lema “Una moneda, cien años de historia”. Se acuñaron 30 millones de ejemplares, equivalentes a un valor nominal conjunto de $3.000 millones, los que han ido ingresando gradualmente al mercado a través de los bancos y el comercio.

No se trató de una moneda de colección, una pieza de plata ni una emisión limitada. El Banco conservó el diámetro, peso, metales y canto de la moneda bimetálica habitual. También mantuvo el reverso, con el escudo nacional, la denominación de 100 pesos, el año 2025 y las ramas de laurel.
La única modificación se realizó en el anverso: la imagen de la mujer mapuche fue reemplazada por el logotipo del centenario, una representación simplificada de la Cordillera de Los Andes y la inscripción “Banco Central de Chile 1925-2025”.
La moneda tampoco sustituyó a las anteriores. Circula junto con la bimetálica introducida en 2001 y con la antigua pieza de mayor tamaño, que dejó de fabricarse en 2000, pero aún conserva su curso legal.
Una moneda hecha para utilizarse
Desde un comienzo, el Banco Central insistió en que la nueva moneda había sido creada para circular y no para permanecer guardada. En lugar de reservar la celebración para un grupo reducido de coleccionistas, distribuyó 30 millones de pequeños testimonios de su aniversario por todo el país.
La edición no generó gastos adicionales de acuñación, porque fue incorporada al programa ordinario de fabricación de monedas de $100 correspondiente a 2025. Los costos adicionales solo alcanzaron $213 millones. El 80% correspondió a la campaña comunicacional y el 20% restante a estudios, pruebas de diseño y logística menor.
La moneda cumplió el objetivo de masificar la conmemoración. Pero su austeridad también permitió observar una ausencia más profunda: Chile casi no utiliza su circulante para contar su historia.

El camino diferente de otros países
En numerosos países, las monedas no son vistas únicamente como instrumentos para facilitar las transacciones. También funcionan como pequeñas piezas de divulgación histórica, cultural y patrimonial.
Estados Unidos ha desarrollado algunas de las colecciones de circulación más extensas del mundo. Entre 1999 y 2009 emitió monedas de 25 centavos dedicadas a sus estados y territorios. Entre 2010 y 2021 produjo 56 diseños sobre parques nacionales y otros lugares representativos.
A ellas se sumaron los dólares dedicados a los presidentes, las monedas sobre innovaciones estadounidenses y la serie que, entre 2022 y 2025, recordó a veinte mujeres vinculadas con la política, la ciencia, el arte, los derechos civiles y la historia del país.
Los integrantes de la zona euro también disponen de un mecanismo permanente. Cada país puede emitir normalmente dos monedas conmemorativas de dos euros al año. Excepcionalmente puede aparecer una tercera cuando se trata de una emisión conjunta dedicada a un acontecimiento de importancia europea.
Gracias a este sistema, monedas con escritores, artistas, científicos, edificios, universidades, especies animales y tradiciones nacionales circulan como dinero corriente por distintos países.
La diferencia también puede observarse dentro de América Latina. El Banco Central de Reserva del Perú ha desarrollado desde 2010 series destinadas a difundir el patrimonio nacional y fomentar la cultura numismática. “Riqueza y Orgullo del Perú” reunió 26 diseños dedicados a sitios arqueológicos, construcciones y expresiones culturales.
Después aparecieron colecciones sobre fauna silvestre amenazada, recursos naturales, personajes de la Independencia, mujeres y cerámica precolombina. En 2022, cuando el instituto emisor peruano cumplió cien años, puso además en circulación 10.000 monedas de plata de un sol dedicadas a su centenario.
Colombia creó para el centenario de su Banco de la República una moneda especial de 20.000 pesos. No era de plata, sino de alpaca amarilla, pero se entregaba dentro de una cápsula, acompañada por una bolsa y un documento explicativo. Su catálogo incluye, además, piezas dedicadas a la Independencia, Policarpa Salavarrieta, Santa Marta, la Fuerza Aérea y la Armada.
Argentina ha recordado en sus monedas la Revolución de Mayo, la primera moneda patria, la Independencia, Manuel Belgrano, el retorno de la democracia, el tango y los mundiales de fútbol.
Brasil ha producido piezas sobre sus ciudades históricas, la Independencia, los mundiales y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Ambos países han combinado monedas corrientes con emisiones de plata y oro.
Una larga pausa chilena
Chile posee antecedentes conmemorativos, pero son escasos y distantes entre sí. El propio Banco Central destaca una moneda de plata de $10.000 emitida por los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, con una acuñación autorizada de hasta 75.000 ejemplares. Pero fue una emisión realizada por todos los bancos centrales de latonoamérica.
También recuerda la moneda de plata de $2.000 creada por los 250 años de la Casa de Moneda de Chile. Su acuñación fue autorizada en 1993 y alcanzó los 50.000 ejemplares. Después transcurrieron más de tres décadas hasta la aparición de la moneda de $100 por el centenario del Banco Central.
La pausa resulta especialmente llamativa porque Chile posee una de las tradiciones monetarias más antiguas de América. La Casa de Moneda de Santiago comenzó a acuñar piezas en 1749 y el peso de Chile independiente apareció en 1817, antes de la declaración formal de la Independencia.
El propio Banco Central reconoce que las monedas son documentos capaces de mostrar la historia, las tradiciones, las formas de gobierno y los personajes de un país. Pese a ello, esa definición casi no se ha traducido en una política contemporánea de emisiones.
Las historias que faltan
Chile tiene material suficiente para desarrollar colecciones sobre sus parques nacionales, pueblos originarios, científicos, escritores, mujeres destacadas, edificios patrimoniales, regiones y acontecimientos republicanos.
El año 2027 ofrecerá una oportunidad extraordinaria. Cumplirán cien años la Contraloría General de la República, Carabineros de Chile, el Ministerio de Educación, la Tesorería General de la República y la Dirección de Presupuestos. Todas son instituciones decisivas en la construcción y funcionamiento del Estado chileno. ¿Por qué no podrían ser homenajeadas mediante monedas destinadas a circular?
El Banco Central tiene atribuciones para hacerlo. Su Ley Orgánica Constitucional establece que las características de los billetes y monedas, incluido su diseño, son determinadas por el Consejo mediante un acuerdo que debe publicarse en el Diario Oficial. Por lo tanto, no necesita una nueva ley para cambiar el diseño de denominaciones vigentes como las monedas de $100 o $500.
Esas piezas no tendrían que fabricarse en plata ni venderse a precios elevados. Bastaría con introducir distintos diseños en monedas corrientes, sin alterar su denominación ni su utilidad como medio de pago. Paralelamente, podría desarrollarse una línea limitada en metales preciosos para coleccionistas.
La moneda de $100 permitió que el centenario del Banco Central llegara a millones de bolsillos. Es una pieza significativa precisamente porque circula y puede encontrarse entre los vueltos de cualquier compra.
Pero también recuerda todo lo que todavía no aparece en las monedas chilenas: sus paisajes, sus mujeres, sus creadores, sus pueblos y la diversidad de su historia.
El Banco Central celebró cien años de una trayectoria ampliamente reconocida con una moneda coherente con su sobriedad. La pregunta es si esa austeridad debe continuar definiendo también la política numismática de Chile.
Porque un país no solo lleva sus valores y símbolos en los grandes monumentos. También puede llevarlos en el bolsillo.

