Los billetes del Banco Edwards: la fortuna que llegó a imprimir libras esterlinas y se diluyó entre generaciones
El Banco de A. Edwards fue creado en Valparaíso en 1867 por Agustín Edwards Ossandón, uno de los hombres más ricos de la historia de Chile. Emitió algunos de los billetes privados más singulares del siglo XIX. Detrás de esos papeles está también la historia de una fortuna equivalente a casi 5% del PIB chileno, que se fragmentó entre sus descendientes hasta dejar a El Mercurio como uno de los principales símbolos sobrevivientes del antiguo imperio familiar.
A fines del siglo XIX, el Banco de A. Edwards mandó imprimir en Londres un billete insólito para Chile. En grandes letras verdes decía “UNA LIBRA ESTERLINA” y debajo establecía su equivalencia: cinco pesos, cada uno compuesto por 1,44844 gramos de oro puro.
En el lado izquierdo aparecía el retrato de Agustín Edwards Ossandón, fundador del banco y dueño de una de las mayores fortunas construidas en Chile durante el siglo XIX.

Hubo también un billete de diez libras esterlinas, equivalente a 50 pesos de oro, y se proyectó otro de cinco libras. Pero aquella extraordinaria emisión nunca llegó a circular.
Los billetes sobrevivieron. La fortuna del hombre que aparecía en ellos, en cambio, comenzó a dividirse entre sus descendientes.
De prestamista de mineros a banquero
Agustín Edwards Ossandón nació en La Serena en 1815. Siendo todavía joven se instaló en el Norte Chico y comenzó a trabajar como “habilitador” de mineros: adelantaba dinero y mercaderías a quienes explotaban yacimientos y recibía a cambio parte de su producción.
El auge de la plata y el cobre hizo crecer rápidamente sus negocios.
Más tarde se trasladó a Valparaíso, donde amplió sus actividades hacia el crédito, los depósitos, las hipotecas, la minería, los ferrocarriles y otros negocios. Según Billetes de Chile, dos siglos de historia e imágenes, de Osvaldo Leyton, desde 1852 mantenía una casa de préstamos y el 5 de enero de 1867 fundó el Banco de A. Edwards y Cía.
La institución encargó sus billetes a Bradbury, Wilkinson & Co., una de las grandes casas impresoras de valores de Londres.
Los primeros billetes del Banco Edwards
El catálogo de Leyton distingue tres emisiones propiamente tales del banco. Las dos primeras llegaron a circular. La tercera, denominada en libras esterlinas, resultó fallida. A ellas se agrega una misteriosa cuarta serie, cuyos ejemplares conocidos son considerados probablemente falsificaciones de época.
La primera emisión fue sencilla: se conocen dos tipos de billetes de un peso.

La segunda emisión fue mucho más amplia. Comprendió cinco tipos correspondientes a cuatro valores: dos billetes diferentes de $1, además de piezas de $2, $5 y $10.
Los ejemplares conservados muestran distintos colores, figuras alegóricas y ornamentaciones. Algunos están fechados en 1876, 1877 y 1879.



Todos respondían a una lógica que hoy puede resultar extraña: el propio banco prometía pagar al portador el valor señalado en el papel.
Chile todavía no tenía Banco Central —sería creado recién en 1925— y durante buena parte del siglo XIX los bancos particulares autorizados podían emitir sus propios billetes.
Algunos ejemplares de la segunda emisión fueron posteriormente marcados con el timbre asociado a la inconvertibilidad de 1878, testimonio físico del cambio que experimentó el sistema monetario chileno cuando se suspendió la conversión de los billetes en moneda metálica.


La extraordinaria emisión en libras
La tercera emisión es probablemente la más llamativa de todas.
El Banco de A. Edwards encargó billetes de una, cinco y diez libras esterlinas. El de una libra equivalía a cinco pesos de oro y el de diez libras, a cincuenta.
Llevaban el retrato de Edwards Ossandón y fueron impresos por Bradbury, Wilkinson & Co. en Londres.
Pero nunca fueron puestos en circulación.
Leyton registra ejemplares de £1 y £10, mientras señala que no ha encontrado antecedentes que confirmen que el billete de £5 llegara efectivamente a imprimirse. El catálogo de una exposición organizada por el Banco Central en 1975 también registraba sólo los valores de una y diez libras.
La elección de la moneda británica no era completamente ajena a los negocios de Edwards.
Su fortuna estaba estrechamente vinculada al comercio internacional. Al morir poseía, entre otros activos externos, 300.000 libras esterlinas en títulos ingleses, además de inversiones en Estados Unidos. El cobre que sustentó parte importante de su riqueza tenía además a Gran Bretaña como uno de sus grandes mercados.
Los billetes en libras eran una expresión de hasta dónde había llegado aquella conexión.
Una cuarta emisión rodeada de dudas
Existe además una serie de billetes de $5, $10, $20 y $50 cuya historia sigue sin estar completamente resuelta.
Leyton los clasifica como una probable emisión falsa de época. Sin embargo, el mismo autor plantea una duda interesante: documentos escritos por Agustín Ross contienen imágenes prácticamente idénticas a esos billetes.
Eso permitiría otra interpretación.
Pudo haber existido una cuarta emisión auténtica y los ejemplares que han sobrevivido serían falsificaciones realizadas contemporáneamente imitando billetes verdaderos.
Más de un siglo después, el misterio continúa abierto.
Una fortuna equivalente al 4,8% del PIB
La dimensión del banco sólo se entiende observando la fortuna de su fundador.
El historiador económico Ricardo Nazer reconstruyó el patrimonio de Agustín Edwards Ossandón a partir del inventario confeccionado después de su muerte. La cifra alcanzó $23,16 millones de 1880.
Había sociedades, acciones, bonos, créditos, propiedades urbanas en Valparaíso, fundos, cobre almacenado y enviado a Europa y numerosas inversiones.
Nazer calculó que ese patrimonio equivalía aproximadamente al 4,8% del PIB chileno de la época.
La comparación resulta más reveladora que cualquier conversión a pesos actuales: un solo hombre acumulaba una riqueza equivalente a casi cinco pesos por cada cien que producía la economía chilena durante un año.
La fortuna comienza a fragmentarse
Edwards Ossandón murió en 1878 y su patrimonio pasó a sus hijos. Desde ese momento comenzó un proceso de división y transformación que continuaría durante las generaciones siguientes.
Los historiadores Ricardo Nazer y Juan Ricardo Couyoumdjian estudiaron ese fenómeno al reconstruir la fortuna de Agustín Edwards Ross y sus herederos entre 1879 y 1905.
Parte de las inversiones comerciales y mineras fue sustituida por propiedades urbanas y rurales, mientras las sucesivas herencias fueron fragmentando el patrimonio original.
Agustín Edwards Ross mantuvo y amplió los negocios familiares, pero tuvo nueve hijos. La enorme fortuna construida por su padre ya no estaba concentrada en una sola persona.
La generación siguiente debió volver a reorganizarla.
Del banco a El Mercurio
Uno de esos herederos fue Agustín Edwards Mac-Clure, quien asumió responsabilidades en los negocios familiares y desarrolló con especial fuerza una actividad que terminaría identificando al apellido Edwards durante el siglo XX: la prensa.
La familia ya controlaba El Mercurio de Valparaíso y el 1 de junio de 1900 Mac-Clure fundó El Mercurio de Santiago. Después vendrían Las Últimas Noticias y otras publicaciones.
La minería, la banca, los ferrocarriles y las propiedades habían construido la fortuna original. Con el paso de las generaciones, los medios de comunicación se convertirían en uno de sus activos más reconocibles.
La riqueza de Ossandón no desapareció súbitamente. Se dividió, cambió de forma y fue reconstruida bajo nuevas estructuras empresariales. Pero nunca volvió a existir concentrada en las manos de un solo integrante de la familia con una magnitud comparable al 4,78% del PIB.
El contraste alcanza hasta el presente. En los últimos años, empresas periodísticas vinculadas a El Mercurio han enfrentado cobranzas y denuncias sindicales por atrasos en cotizaciones previsionales, aunque parte de esas obligaciones ha sido posteriormente regularizada.
Es una distancia enorme respecto del hombre que aparece retratado en aquellos viejos billetes.
Quedó el apellido. Quedó El Mercurio. Y quedaron también los papeles del Banco de A. Edwards.

