Las monedas del sesquicentenario que terminaron en una polémica por su venta al extranjero
En 1968 Chile acuñó monedas de plata por el sesquicentenario de la Independencia. Un contrato con la venezolana Italcambio, errores en los cuños y una investigación del Congreso transformaron la emisión en una polémica.
En 1968 los chilenos pagaban habitualmente en escudos. El peso había dejado de ser la unidad monetaria en 1960 y sólo volvería en 1975. Sin embargo, aquel año el Banco Central ordenó acuñar una serie especial de monedas denominadas en pesos, cuya fabricación fue encargada a la Casa de Moneda. Entre ellas estaban dos singulares piezas de plata de 5 y 10 pesos, dedicadas a la Escuela Naval y a la Escuadra Libertadora.
No eran monedas corrientes.
El DFL N°1 del 23 de enero de 1968 ordenó al Banco Central una emisión conmemorativa de cuatro monedas de oro y dos de plata para recordar acontecimientos vinculados a los primeros años de la República. Jurídicamente tenían una característica especialmente llamativa: eran monedas de “curso legal y pleno poder liberatorio de obligaciones públicas y privadas”.
Las dos piezas de plata eran las más pequeñas de aquella serie, aunque de pequeñas tenían poco.
Arturo Prat en cinco pesos
La moneda de 5 pesos conmemoraba el sesquicentenario de la Escuela Naval.
En una de sus caras lleva el busto de Arturo Prat, acompañado por la inscripción “Sesquicentenario de la Escuela Naval 1818-1968”. En la otra aparece el escudo nacional, la denominación, el año 1968 y la ceca de la Casa de Moneda.


El decreto autorizó una cantidad enorme: hasta un millón de ejemplares. También estableció que las monedas serían de plata pura, ley mil por mil.
La ficha incluida por Rafael Toro en su Catálogo Numismático de Monedas de Chile registra la pieza con 22,50 gramos de peso, plata .999 y 35,5 milímetros de diámetro.
El peso merece una explicación. El DFL N°1 de 1968 estaba redactado de manera errónea y establecía para la moneda de 5 pesos un peso bruto de “veintidós gramos cincuenta miligramos”. Los problemas obligaron a intentar sucesivas correcciones. Según quedó registrado en el debate del Senado del 24 de junio de 1969, primero se dictó el decreto N°9, destinado a modificar los errores del texto original, pero éste fue objetado por la Contraloría. Luego se dictó el DFL N°10, del 31 de octubre de 1968, al que el organismo contralor dio curso dejando constancia de que lo hacía únicamente porque buscaba corregir errores “obvios y manifiestos” de expresión matemática al señalar el peso de algunas monedas. El mismo registro parlamentario consigna que posteriormente se intentó una nueva corrección mediante el decreto N°4 de 1969, que también fue devuelto por la Contraloría. El documento original de la sesión del Senado permite revisar la secuencia completa.
Una pintura de Somerscales convertida en moneda
Los 10 pesos estaban dedicados a la Escuadra Libertadora. La moneda pesa 45 gramos y mide 45 milímetros. El decreto autorizó, nuevamente, hasta un millón de ejemplares de plata pura.
En su motivo principal aparecen cuatro veleros rodeados por la inscripción “Escuadra Libertadora 1820-1968”.
La imagen tenía historia propia.


El libro Iconografía de monedas y billetes chilenos, publicado por el Banco Central explica que el motivo proviene de La Escuadra Libertadora del Perú, la monumental pintura de Thomas Somerscales encargada por el Gobierno de Chile para la Cámara de Diputados. La obra ya había aparecido antes en el dinero chileno: fue utilizada en el reverso del billete de 100 escudos emitido en la década de 1960.

Parecían, por tanto, piezas hechas simplemente para celebrar la historia nacional. Pero la verdadera historia de estas monedas había comenzado antes de que saliera el primer ejemplar de las prensas.
El contrato con Italcambio
La iniciativa se remontaba al menos a 1966, cuando Italcambio C.A., una empresa venezolana especializada en la comercialización internacional de monedas, propuso al Ministerio de Hacienda realizar una emisión conmemorativa en Chile y colocarla entre coleccionistas internacionales.
El 20 de diciembre de 1967, apenas días después de aprobarse la norma legal que facultaba al Presidente para ordenar estas acuñaciones especiales, el Directorio del Banco Central autorizó avanzar con la operación.
El propio Banco Central conserva una respuesta de Transparencia sobre la acuñación de 1968, en la que consta la existencia del acuerdo adoptado en la sesión N°2.150 de su Directorio.
El contrato con Italcambio fue suscrito el 17 de enero de 1968. El DFL que determinó oficialmente las características de las monedas sería dictado seis días después y publicado el 10 de febrero. Ese desfase se convertiría posteriormente en uno de los puntos utilizados por quienes cuestionaron la operación.
Pero había algo todavía más singular.
El estudio Historia cronológico-jurídica de las emisiones monetarias chilenas desde la Independencia, de Carlos Beytia Geisse, publicado por el Banco Central señala que ésta fue la única emisión que el Banco Central elaboró y comprometió contractualmente para ser comercializada por un tercero.
Ese tercero era Italcambio.
La firma proporcionó el oro, la plata y también los cuños, que fueron elaborados por Gori y Zucchi, de Arezzo, Italia, según el estudio del Banco Central.
La moneda chilena se acuñaría en Santiago, pero una parte esencial de su diseño material había llegado desde Italia y su destino comercial estaba principalmente fuera del país.
Monedas chilenas para vender en el extranjero
Esa contradicción terminó llegando al Congreso.
El senador socialista Carlos Altamirano denunció la operación y cuestionó la exclusividad entregada a Italcambio. Su argumento central era particularmente atractivo desde el punto de vista jurídico: las piezas habían sido declaradas monedas chilenas de curso legal, pero el contrato contemplaba que fueran comercializadas en el extranjero. La extensa intervención de Altamirano de junio de 1969 recoge sus principales objeciones.
La operación también tuvo defensores.
El senador Alejandro Noemi sostuvo que el convenio alcanzaba US$9.995.290,70. Según el desglose que entregó, US$351.905 correspondían al costo de acuñación, US$1.603.629,13 al sobreprecio obtenido por el Banco Central y US$8.039.756,57 al valor de los metales. Su intervención del 13 de mayo de 1969 puede revisarse aquí.
El Banco Central defendió que la fórmula permitía obtener divisas y recursos para modernizar Casa de Moneda. Pero los errores en la emisión fueron aumentando la controversia.
La acuñación se detiene
Las diferencias entre algunas características establecidas legalmente y los cuños fabricados provocaron nuevas correcciones administrativas. No se trataba sólo del error matemático en el peso de la moneda de cinco pesos: durante la discusión parlamentaria se cuestionaron también detalles de las leyendas y otras características de las piezas.
El estudio de Beytia Geisse entrega el desenlace: el problema produjo un conflicto administrativo y la emisión fue suspendida cuando llevaba poco tiempo realizándose.
Para entonces la controversia ya había escalado. El 24 de junio de 1969, la Cámara de Diputados aprobó constituir una comisión especial para investigar los antecedentes de la acuñación, la venta de las monedas y la participación de Italcambio. El proyecto de acuerdo de la Cámara puede revisarse aquí.
El primer plazo no fue suficiente. El 25 de noviembre la Cámara volvió a establecer la comisión investigadora para que continuara sus trabajos. La sesión está disponible en la Biblioteca del Congreso Nacional.
El caso llegó incluso al Consejo de Defensa del Estado. Allí tampoco hubo consenso. Por siete votos contra cinco, el organismo respaldó la legalidad de la operación. Los cinco abogados de minoría consideraron, en cambio, que el contrato había desnaturalizado jurídicamente las monedas. El debate y el voto de minoría fueron expuestos posteriormente por Altamirano en el Senado, el 21 de julio de 1970.
Cuántas monedas se acuñaron realmente
Durante años los catálogos numismáticos entregaron cifras diferentes sobre la cantidad de monedas producidas. Rafael Toro, por ejemplo, registra sólo 1.200 ejemplares de los cinco pesos y 1.215 de los diez pesos.
Pero existe una fuente oficial más sólida.
El estudio del Banco Central de Carlos Beytia Geisse señala que antes de la suspensión alcanzaron a acuñarse:
13.006 monedas de 5 pesos de plata y 8.206 monedas de 10 pesos de plata.
También se fabricaron 2.520 monedas de 50 pesos oro, 2.574 de 100 pesos, 1.216 de 200 pesos y 942 de 500 pesos.
Y el libro identifica el origen exacto de los números: la carta N°1.193, del 23 de octubre de 1973, enviada por Casa de Moneda al gerente general del Banco Central. El documento del Banco Central con las cifras puede consultarse aquí.
La diferencia con lo inicialmente autorizado es enorme. El DFL permitía fabricar hasta dos millones de monedas de plata entre las dos denominaciones. Sólo se alcanzaron a producir 21.212.
Más de medio siglo después, en una moneda sigue apareciendo Arturo Prat. En la otra navegan los barcos de la Escuadra Libertadora.
Fueron creadas para celebrar los primeros 150 años de la historia republicana. Pero detrás de ellas hubo un contrato con una empresa extranjera, cuños fabricados en Italia, errores que obligaron a corregir decretos, una investigación parlamentaria, un Consejo de Defensa del Estado dividido y una acuñación que terminó suspendida.
Las monedas de 1968 fueron creadas para recordar la historia de Chile. Sin proponérselo, terminaron creando una historia propia.

