Banco de José Bunster: los billetes del “rey del trigo” y “conquistador de La Araucanía”
Fundado en Angol en 1882, el Banco de José Bunster encargó en Nueva York billetes de uno, cinco, diez y veinte pesos. Las piezas llevan el nombre del empresario, pero las menores denominaciones retratan al presidente Domingo Santa María y remiten a una fortuna levantada durante la ocupación de La Araucanía.
Un hombre de bigote ocupa el costado izquierdo del billete de cinco pesos del Banco de José Bunster. En el centro aparece un caballo galopando y, a la derecha, una figura femenina sentada con flores en una de sus manos. Sobre las imágenes, en grandes letras negras, se lee el nombre de una institución financiera que funcionó en Angol durante las últimas décadas del siglo XIX.
El ejemplar está impreso en negro y verde. Tiene números de serie compuestos solamente por ceros, la palabra “SPECIMEN” estampada en rojo y varios orificios de cancelación. Esas características indican que se trata de una muestra producida para exhibición, archivo o aprobación, y no de un billete destinado a circular.
A primera vista, sería lógico pensar que el personaje retratado es José Bunster, propietario del banco. Algunos catálogos y casas de subastas incluso lo han identificado de esa manera. La documentación procedente de los archivos de la American Bank Note Company, sin embargo, entrega una respuesta diferente.

Una prueba del grabado subastada por Archives International Auctions identifica al personaje como Domingo Santa María, presidente de Chile entre 1881 y 1886. La descripción señala que ese retrato fue utilizado en los billetes de uno y cinco pesos del Banco de José Bunster. La identificación coincide con la utilizada por Al Sur del Mundo Subastas para el ejemplar de cinco pesos.
El nombre del dueño estaba, por tanto, en la parte superior del billete, pero su rostro no aparecía necesariamente en él.
Una serie impresa en Nueva York
El Banco de José Bunster encargó sus billetes a la American Bank Note Company de Nueva York, una de las principales imprentas de valores del mundo. La serie conocida estaba formada por cuatro denominaciones: uno, cinco, diez y veinte pesos.
Una colección de los cuatro valores subastada por Spink permite establecer sus colores predominantes: café para el peso; verde para los cinco pesos; rosado para los diez, y una combinación de naranja, verde y amarillo para los veinte pesos. Los ejemplares del conjunto tenían numeración cero, perforaciones y la palabra “SPECIMEN” en rojo.
El billete de un peso presenta una composición especialmente recargada. A la izquierda aparece Fortuna, figura alegórica representada junto a una rueda. En el centro se observa uno de los ángeles de la Madonna Sixtina de Rafael y, a la derecha, el retrato de Domingo Santa María. El texto prometía pagar al portador, a la vista en Angol, un peso en moneda corriente.

El billete de cinco pesos tiene una estructura más equilibrada. El retrato de Santa María está a la izquierda, un caballo en movimiento ocupa el centro y una mujer de inspiración alegórica aparece a la derecha. El animal podía asociarse con la actividad agrícola, el transporte y la expansión territorial, aunque no se ha encontrado documentación de la imprenta que explique por qué fue escogido.
El valor de diez pesos fue impreso principalmente en tonos rosados. Su diseño incluye a una niña con ovejas a la izquierda, un retrato masculino en el centro y una figura femenina acompañada por el escudo chileno a la derecha. Algunos catálogos identifican al hombre como José Bunster, pero no hemos encontrado una prueba de archivo equivalente a la que permite reconocer a Santa María en los billetes de uno y cinco pesos. Por esa razón, esa identificación debe mantenerse como dudosa.

La denominación de veinte pesos utilizó una combinación de colores más amplia y también se conserva principalmente en forma de pruebas y especímenes. Al igual que las restantes piezas, dejó espacios en blanco para completar el año de emisión, representado únicamente por los primeros números: “18__”.

La duda sobre su circulación
La existencia de especímenes no demuestra por sí sola que esos mismos diseños hayan circulado como dinero privado.
El estudio de Luis Iván Inostroza, Jaime Flores y Jorge Pinto sostiene que el banco comenzó en 1882 con un capital de $100.000, que aumentó a $200.000 en 1885, y que hasta ese año había emitido billetes por $299.000. Sin embargo, la evidencia numismática conservada es menos concluyente: las piezas que aparecen habitualmente en archivos y subastas son pruebas o especímenes sin numeración real.
El billete de un peso constituye una excepción particular. En 1898, cuando el Estado puso término al régimen de emisión privada y asumió la responsabilidad de emitir papel moneda, existencias del diseño del Banco de José Bunster fueron reutilizadas como billetes fiscales.
Uno de esos ejemplares conserva el nombre del banco, las imágenes originales y el número de serie 127509 en rojo, pero fue intervenido con sellos oficiales y sobreimpresiones. En el reverso se añadió la leyenda “EMISIÓN FISCAL. LEI 1.054 DE 31 DE JULIO DE 1898”. El Estado convertía así el antiguo papel de un banco provincial en dinero respaldado fiscalmente.

El Banco Central señala que en 1898 caducó la licencia de emisión privada y el Gobierno asumió la emisión de billetes legales. Por lo tanto, el ejemplar de un peso que efectivamente muestra señales de circulación no prueba necesariamente que haya sido puesto en circulación anteriormente por el Banco de José Bunster: corresponde a su reutilización por el fisco.
La conclusión más prudente es que el banco tuvo capacidad de emisión y que las fuentes históricas registran billetes por $299.000, pero los ejemplares privados conocidos de esta serie sobreviven principalmente como pruebas y especímenes.
El banco del imperio triguero
José Tomás Alfredo Bunster Bunster nació el 9 de agosto de 1838 en la Hacienda de Polpaico. Creció en Valparaíso y a los diecinueve años se trasladó a la zona de la Frontera, donde comenzó una trayectoria empresarial vinculada con el comercio de trigo, los molinos, la compra de tierras y, posteriormente, el crédito.

Su expansión coincidió con el avance del Estado chileno sobre el territorio mapuche independiente, proceso llamado durante años “Pacificación de La Araucanía” y que actualmente es estudiado como una ocupación militar y colonizadora.
Bunster instaló un molino industrial en Angol en 1869 y otro en Collipulli en 1877. Después sumó establecimientos en Nueva Imperial y Traiguén. La capacidad de sus molinos aumentó desde 40.000 fanegas anuales de trigo en 1869 hasta un consumo de materias primas calculado en 500.000 fanegas hacia fines de la década de 1880.
Su relación con la ocupación militar no fue solamente territorial. Un estudio publicado por la Academia de Historia Militar documenta que el 2 de febrero de 1881 Bunster firmó un contrato con la Intendencia del Ejército del Sur para alimentar diariamente a cerca de dos mil soldados desplegados al sur de Traiguén. Recibiría 25 centavos por cada integrante de la tropa abastecido.
Al año siguiente fundó su banco en Angol. La institución no operaba separada de sus negocios agrícolas: financiaba a productores, mantenía cuentas corrientes y adelantaba recursos que después podían ser pagados con trigo, cebada o lana. Entre 1874 y 1889, la empresa y el banco otorgaron créditos y cuentas corrientes por al menos $603.589, de acuerdo con los registros recopilados por Inostroza, Flores y Pinto.
El negocio también aprovechaba la diferencia entre el costo y el precio del dinero. En 1887 obtuvo $128.400 del Banco Chileno Garantizador de Valores de Concepción a una tasa anual de 6%, mientras entregaba préstamos locales con intereses de entre 10% y 12%.
El 20 de julio de 1889 se autorizó el traslado del banco desde Angol hasta Collipulli. El decreto citado por la cronología bancaria de la CMF es categórico respecto de la propiedad de la institución: identifica a José Bunster como dueño del banco que llevaba su nombre.
El costo territorial de la fortuna
La expansión de Bunster se construyó sobre enormes extensiones de tierra. En 1873 compró en un remate fiscal 18 hijuelas que sumaban 7.155 hectáreas. Luego adquirió otros terrenos mediante operaciones con particulares y nuevos remates del Estado.
El estudio académico calcula que, entre 1873 y 1881, sus adquisiciones alcanzaron 30.181 hectáreas en los alrededores de Angol, Collipulli, Los Sauces, Purén y Lumaco. Después de los repartos familiares y de nuevas compras, sus descendientes llegaron a administrar cerca de 60.000 hectáreas a comienzos del siglo XX.
El Consejo de Monumentos Nacionales afirma que esas tierras fueron obtenidas mediante compras, arriendos, ocupaciones, remates y expulsiones de comunidades indígenas. Por esa trayectoria, señala el organismo, Bunster recibió los apodos de “rey de la agricultura” y “conquistador de La Araucanía”.
Bunster también desarrolló una carrera política. Militante del Partido Liberal, fue alcalde de Angol y elegido senador suplente por Malleco para los períodos 1885-1891 y 1888-1894. Según la Biblioteca del Congreso Nacional, se incorporó al Senado en 1889 y formó parte de la Comisión Permanente de Hacienda e Industria.
Murió en Londres el 13 de agosto de 1903.
Sus billetes son una síntesis de aquella historia. Fueron instrumentos financieros creados para una economía agrícola que se expandía aceleradamente sobre la Araucanía, pero también objetos elaborados con la refinada técnica de una imprenta neoyorquina. Llevaban el nombre de uno de los hombres más ricos del sur de Chile, imágenes de progreso y abundancia y el retrato de un Presidente de la República.
Más de un siglo después, permiten observar las dos dimensiones de la fortuna de José Bunster: la modernización productiva y financiera de la región, y el proceso de ocupación territorial sobre el cual esa riqueza pudo construirse.
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