El billete vertical de la niña incógnita: los $20 del Banco de Santiago de 1886
Fueron dos los billetes con anverso vertical que el Banco de Santiago, presidido por Domingo Fernández Concha, puso en circulación: uno de $1 y otro de $20, ambos fechados en 1886. El primero incorpora el retrato de Manuel Antonio Tocornal; el segundo reproduce el de una niña cuya imagen fue enviada por el propio banco a la American Bank Note Company. Su identidad continúa siendo desconocida, aunque la tradición popular la atribuye a María Luisa Fernández Bascuñán, madre de Vicente Huidobro.
Durante buena parte del siglo XIX, los billetes que circulaban en Chile no eran emitidos exclusivamente por el Estado. La Ley de Bancos de 1860 permitió que instituciones privadas imprimieran su propio papel moneda, dando origen a una amplia variedad de diseños, colores, tamaños y personajes.
En ese conjunto hay una pieza que rompió con la forma tradicional de mirar el dinero: el billete de $20 emitido por el Banco de Santiago en 1886. Su anverso fue compuesto verticalmente, como si se tratara de un retrato o una estampa, en lugar de seguir la disposición horizontal característica de los billetes.
Como referencia, los 20 pesos de 1886 equivaldrían aproximadamente a $100.000 actuales si se actualizan según la evolución del costo de vida. Se trata de una estimación, pues los índices de precios del siglo XIX han sido reconstruidos a partir de antecedentes históricos y no permiten una conversión exacta.
Los ejemplares conocidos llevan la fecha del 25 de febrero de 1886 y no se conocen billetes de este diseño fechados en otros años. Sin embargo, los archivos de la American Bank Note Company muestran que en noviembre de 1891 el Banco de Santiago encargó otros 10.000 billetes de $20, nuevamente con el retrato de la niña. Por lo tanto, 1886 corresponde a la fecha impresa en la pieza, pero no fue necesariamente el único año en que se encargó su producción.
Su diseño tampoco encontró continuadores. No lo adoptaron los restantes bancos privados del siglo XIX, las posteriores emisiones fiscales ni el Banco Central desde su creación en 1925.
Un billete para mirar de arriba abajo
El billete del Banco de Santiago está fechado el 25 de febrero de 1886. Fue impreso en Nueva York por la American Bank Note Company, una de las principales fabricantes mundiales de billetes, estampillas y documentos valorados durante los siglos XIX y XX.

En la parte superior del anverso aparece la denominación de 20 pesos y, bajo ella, el nombre del Banco de Santiago. El espacio central está ocupado por el retrato de una niña pequeña, sentada y vestida de blanco, rodeada por un elaborado marco ornamental.
Más abajo se encuentra el compromiso de pago de la institución: “El Banco de Santiago pagará al portador a la vista en Santiago de Chile veinte pesos moneda corriente”. En la parte inferior vuelven a aparecer la denominación y otros elementos decorativos.
El reverso recupera la orientación horizontal. Está impreso en azul y organizado alrededor de un gran número 20, acompañado por la inscripción “El Banco de Santiago”. Su fondo está formado por líneas, figuras geométricas y dibujos entrelazados que, además de ornamentar la pieza, dificultaban su reproducción y falsificación.
La combinación de un anverso vertical y un reverso horizontal convirtió al billete en una excepción dentro del dinero chileno.
El libro Iconografía de monedas y billetes chilenos, publicado por el Banco Central, señala que los bancos privados emplearon normalmente formatos horizontales, con dimensiones que variaban aproximadamente entre los 14 por 7 y los 20 por 10 centímetros. La excepción conocida fue el formato vertical encargado por el Banco de Santiago a la American Bank Note Company.
¿La madre de Vicente Huidobro?
Una tradición popular, repetida especialmente en el mundo del coleccionismo, sostiene que la niña del billete podría ser María Luisa Fernández Bascuñán, hija de Domingo Fernández Concha y futura madre de Vicente Huidobro.
Un antecedente documental permite conocer el origen de la imagen, aunque no resuelve su identidad. En Billetes de Chile: dos siglos de historia e imágenes, Osvaldo Leyton recoge la investigación publicada en 1987 por Aurelia B. Chen, entonces product manager de la American Bank Note Company, en el International Bank Note Society Journal.
Chen relata que en diciembre de 1884 el gerente del recién creado Banco de Santiago envió a la imprenta estadounidense una carta con instrucciones detalladas para sus billetes. Entre los materiales adjuntó el retrato de una niña y pidió que su rostro fuera incorporado inicialmente a una figura infantil sostenida por la alegoría de la Caridad en el billete de $10. Posteriormente, ese mismo retrato se convirtió en la imagen principal del billete de $20.
La autora explica que durante aquella época algunos clientes de las imprentas de seguridad enviaban retratos familiares para incorporar a sus encargos y perpetuar así la imagen de personas cercanas, o incluso la propia. El caso de la niña del Banco de Santiago aparece asociado expresamente a esa práctica.
El documento confirma, por tanto, que no se trató simplemente de una figura infantil escogida de un catálogo: el retrato fue proporcionado por el banco. Sin embargo, la carta no menciona el nombre de la niña ni permite establecer su relación con quienes dirigían la institución.
María Luisa Fernández Bascuñán nació en 1870 y tenía alrededor de 16 años cuando apareció el billete. Para que la atribución fuera correcta, el banco habría debido enviar un retrato realizado durante su infancia. La relación con Domingo Fernández Concha y la costumbre documentada de incorporar familiares hacen plausible el origen de la tradición, pero no permiten presentarla como una identificación comprobada.
María Luisa Fernández Bascuñán, conocida también por su seudónimo Monna Lissa, fue escritora, editora y poeta. De acuerdo con su registro en SURDOC, editó los periódicos La Voz Femenina y La Unión Patriótica de las Mujeres de Chile.
También tuvo una influencia importante en la formación literaria de su hijo. Vicente Huidobro nació en 1893, siete años después de la emisión del billete. Según Memoria Chilena, las tertulias organizadas por su madre y su colaboración en la edición de la revista Musa joven formaron parte del ambiente en el que comenzó la trayectoria del poeta.

El otro billete vertical
El de $20 no fue el único billete con anverso vertical que puso en circulación el Banco de Santiago. La institución emitió también uno de $1, fechado el mismo 25 de febrero de 1886.
En su anverso aparece una figura femenina alegórica que sostiene un retrato ovalado de Manuel Antonio Tocornal Grez, abogado, ministro, parlamentario conservador y rector de la Universidad de Chile entre 1866 y 1867. En la parte superior se observa además la figura de un querubín.
Los registros de la American Bank Note Company señalan que el Banco de Santiago encargó 200.000 ejemplares de este billete en septiembre de 1885. El retrato de Manuel Antonio Tocornal fue realizado a partir de una fotografía y grabado ese mismo año por Fred Smillie.

El reverso, nuevamente dispuesto de manera horizontal, muestra a la corbeta Esmeralda. El registro del ejemplar conservado en SURDOC confirma tanto la orientación del billete como la presencia del buque y de los resellos fiscales aplicados posteriormente.

La elección de Tocornal y de la Esmeralda vinculaba el dinero con figuras reconocibles de la vida política y de la historia naval chilena. El billete de $20 siguió una lógica diferente: su personaje principal no es una figura histórica identificada, sino una niña cuyo nombre continúa siendo un misterio.
El retrato enviado desde Chile
Los documentos reproducidos por Aurelia B. Chen muestran que el diseño de los billetes del Banco de Santiago fue dirigido minuciosamente desde Chile. La carta remitida en diciembre de 1884 incluía un dibujo a escala, instrucciones sobre las alegorías, los textos que debía llevar cada pieza y retratos destinados a ser reproducidos por los grabadores.
Entre ellos se encontraba el de la niña. Los grabadores Alfred Jones y Charles Skinner trabajaron en los diseños solicitados por el banco y completaron esta etapa en mayo de 1885. La misma imagen infantil volvió a utilizarse en un certificado de acciones de 1888 y en el nuevo pedido de 10.000 billetes de $20 realizado en noviembre de 1891.
Los antecedentes permiten descartar que el rostro fuera simplemente una figura infantil tomada del catálogo general de la imprenta. Lo que todavía permanece sin respuesta es quién era la niña y cuál era su relación con los responsables del Banco de Santiago.
El banco de Domingo Fernández Concha
El Banco de Santiago había comenzado sus operaciones poco antes de la emisión del billete. Sus estatutos fueron aprobados en 1884 y abrió sus puertas el 20 de noviembre de ese año.
La institución fue impulsada por el empresario y dirigente conservador Domingo Fernández Concha junto con Abdón Cifuentes. Su propósito era captar los depósitos de los católicos y de sus organizaciones, además de financiar iniciativas relacionadas con ese mundo.
Fernández Concha fue el primer presidente del banco. Ya poseía una extensa trayectoria empresarial: había fundado una institución que llevaba su nombre, participado en el Banco Garantizador de Valores y en el Banco Sudamericano y desarrollado la Hacienda Santa Rita, origen de la actual viña del mismo nombre.
Un aviso publicado en la prensa en 1886 informaba que el Banco de Santiago tenía un capital de $10 millones, con autorización para elevarlo hasta $25 millones. Su oficina principal se encontraba en Ahumada 29 D, en el centro de la capital.
Domingo Fernández Mata figuraba como vicepresidente y el consejo de administración estaba integrado por José Ciriaco Valenzuela, Manuel José Domínguez, Ramón Subercaseaux, Enrique Meyer Scholte y Carlos Irarrázaval. R.E. Santelices aparecía como gerente.
El banco surgió durante los últimos años del régimen de pluralidad de emisión, cuando distintas instituciones privadas podían poner en circulación billetes respaldados por sus propios capitales.
En 1898 el Estado terminó con las emisiones privadas y remarcó parte de los billetes existentes. Con ello comenzó a concentrarse el control del papel moneda, proceso que culminaría con la creación del Banco Central en 1925.
La primera sede del Banco Central
Aunque el Banco de Santiago cerró sus puertas durante la última década del siglo XIX, uno de sus antiguos locales continuó vinculado a la historia monetaria chilena.
Cuando el Banco Central abrió al público el 11 de enero de 1926, se instaló provisoriamente en una antigua sucursal arrendada del Banco Santiago, ubicada en la esquina de Agustinas con Ahumada.
La Primera memoria anual presentada por el Banco Central de Chile a la Superintendencia de Bancos señala que el inmueble había sido construido especialmente para funcionar como banco y que poseía “una de las mejores y más extensas bóvedas” disponibles en Santiago.
Sin embargo, el edificio pronto resultó insuficiente. Además de las operaciones bancarias habituales, el Banco Central necesitaba espacios especialmente acondicionados para custodiar el papel moneda, trabajar en la cancelación de los billetes deteriorados y destruirlos en hornos adecuados.
La institución compró entonces un terreno de la Caja de Ahorros de Santiago en la esquina de Agustinas con Morandé. En agosto de 1926 escogió el anteproyecto preparado por el arquitecto Alberto Cruz Montt, con la colaboración de Miguel Dávila. La construcción comenzó en marzo de 1927 y la nueva sede abrió al público el 17 de diciembre de 1928, según la historia del edificio publicada por el Banco Central.
De ese modo, una antigua sucursal del banco que había emitido los singulares billetes verticales sirvió, cuatro décadas después, como primera sede del organismo que concentraría la emisión del dinero chileno.
Un ejemplar vuelve al mercado
Uno de los escasos ejemplares conservados del billete de $20 forma parte de la novena subasta de Al Sur del Mundo Subastas. Es el lote 1210 y corresponde a la serie número 86018.
El billete presenta un timbre fechado el 27 de julio de 1898 y está clasificado en conservación F, correspondiente al grado Fine.
La casa de remates fijó un precio inicial de US$500 y una estimación de entre US$800 y US$1.300. Al valor final se agregará una comisión de 18%. El ejemplar será rematado en la sesión de billetes chilenos y extranjeros programada para el 29 de agosto.
No es la primera vez que uno de estos billetes aparece en el mercado. En julio de 2025, otro ejemplar de la misma emisión, correspondiente a la serie 92538 y también clasificado en conservación F, fue rematado en US$650.
Su interés, sin embargo, no se explica solamente por la escasez o por su valor comercial. El billete conserva un experimento visual que no volvió a repetirse: la decisión de convertir su anverso en una imagen que debía observarse de arriba abajo.
El billete de $20 permanece así como testimonio de un banco desaparecido y de una época en que cada institución podía entregar una identidad propia al dinero que ponía en circulación. Su orientación vertical, la niña de nombre desconocido, su fecha de 1886 y su escasez lo convierten en una de las piezas más singulares de la historia monetaria chilena.

