El abuelo materno del expresidente fue agente del Banco de Caupolicán, entidad privada que emitió dinero propio en Rengo. La derrota balmacedista de 1891 lo dejó sin empleo y obligó a la familia a regresar al campo. Décadas después, Lagos recibió dos de sus billetes.
El recuerdo familiar. El expresidente Ricardo Lagos Escobar posee dos billetes de un banco desaparecido en 1892 que lo conectaban directamente con la historia de su familia materna. Su abuelo, Ricardo Escobar Gajardo, había trabajado como agente del Banco de Caupolicán en Rengo durante los últimos años del siglo XIX.
Según relata el propio Lagos en el primer volumen de Mi vida. Memorias I, su abuelo se casó con Margarita Morales Labarca a fines de 1880. Ambos se habían conocido en Rengo, eran originarios de la zona y pertenecían a familias acomodadas.
“Cuando mis abuelos se casaron, él entró a desempeñarse como agente del Banco Caupolicán, en Rengo. Ese banco lo había fundado un acaudalado agricultor de San Fernando, connotado partidario del Presidente Balmaceda. En esos tiempos los bancos tenían derecho a emitir billetes y me produjo mucha emoción cuando bastante tiempo después recibí un par de ellos, precisamente del Banco Caupolicán” dice el expresidente Lagos.

Sin embargo, la Guerra Civil de 1891 alteró el destino de la familia. Los Escobar-Morales eran partidarios del presidente José Manuel Balmaceda y su derrota, seguida de su muerte, los dejó en una posición adversa.
El abuelo perdió su empleo tras el término de las operaciones del Banco de Caupolicán y la familia debió regresar a una propiedad rural conocida como “la isla”, cerca de Rengo. Una de las hijas del matrimonio fue Emma Escobar Morales, nacida en esa ciudad en 1896 y madre del futuro presidente.
Los dos billetes que posteriormente recibió Lagos no eran, por tanto, solamente objetos numismáticos: representaban el trabajo de su abuelo y el quiebre que produjo la guerra en la historia familiar.
El banco que emitía dinero en Rengo
El Banco de Caupolicán había comenzado a formarse menos de una década antes. La escritura de constitución fue otorgada en Rengo el 15 de septiembre de 1882 ante el notario Mamerto del Campo. Sus estatutos fueron aprobados por el Gobierno el 21 de diciembre de ese año.
El capital inicial alcanzaba a $100.000, dividido en 500 acciones de $200. La sociedad se constituyó por treinta años y quedó autorizada para realizar las operaciones bancarias habituales, abrir sucursales y emitir sus propios billetes, como permitía entonces la legislación chilena.
El 10 de enero de 1883 fue declarada legalmente instalada y se fijó el 15 de ese mes como fecha para iniciar sus operaciones.
Al frente de la entidad se encontraba Walericio Mujica de la Fuente, su gerente y mayor accionista. El primer consejo directivo estuvo integrado por José Bisquertt, Ángel Gabriel Concha, Eduardo Cortínez, Bartolomé del Campo y Germán Schneider Mundt, de acuerdo con el libro de Osvaldo Leyton Bahamondes Billetes de Chile, dos siglos de historia e imágenes.
No eran nombres ajenos a la vida pública de la zona. Bisquertt pertenecía a una influyente familia comercial de Rengo; Ángel Gabriel Concha fue diputado e intendente; y Eduardo Cortínez era médico y llegó a representar a Caupolicán en la Cámara de Diputados. El directorio reflejaba la estrecha relación que existía entre banca, agricultura, comercio y política local.

Los tres billetes de Caupolicán
El banco encargó la fabricación de sus billetes a la American Bank Note Company de Nueva York, una de las principales imprentas de documentos de seguridad de la época.
El catálogo de Leyton registra tres denominaciones y sus respectivos tirajes:
| Denominación | Ejemplares impresos | Número Pick |
|---|---|---|
| $1 | 60.000 | S-136 |
| $5 | 30.000 | S-137 |
| $20 | 15.000 | S-139 |
En conjunto, se imprimieron 105.000 billetes, aunque esa cifra no significa necesariamente que todos hayan ingresado a circulación.
Cada denominación tenía un diseño diferente. El billete de un peso combinaba un retrato femenino con una escena familiar; el de cinco pesos incorporaba un rostro indígena y una escena ganadera; y el de veinte pesos mostraba una figura femenina alegórica rodeada de elementos asociados a la actividad productiva.
No existen antecedentes suficientes para afirmar que el indígena representado en el billete de cinco pesos sea Caupolicán. La American Bank Note Company utilizaba viñetas de catálogo en emisiones destinadas a distintos países y bancos. El nombre de la institución provenía del departamento de Caupolicán, cuya capital era Rengo.
Los billetes indicaban que su valor sería pagado en Rengo y llevaban en el reverso una inscripción que recordaba la autorización concedida por el decreto del 21 de diciembre de 1882. La firma del gerente Walericio Mujica aparecía en las piezas preparadas para circular.

Créditos pequeños y depósitos públicos
El Banco de Caupolicán no alcanzó las dimensiones de las grandes instituciones financieras de Santiago y Valparaíso. Sin embargo, desempeñó una función particular en la economía regional.
El historiador Arnold Bauer señala en su estudio sobre la sociedad rural chilena que los pequeños bancos de Caupolicán, San Fernando y Colchagua prestaban sumas menores, con intereses altos, a personas que no conseguían financiamiento en otros establecimientos.
La institución también mantuvo relaciones con el Estado. En julio de 1889, una discusión en la Cámara de Diputados cuestionó que el Gobierno estuviera preparando un depósito de $200.000 en el Banco de Caupolicán. El episodio muestra que, pese a su carácter regional, el banco había conseguido participar en operaciones fiscales de una magnitud relevante.
La guerra y el final del banco
La memoria familiar de Ricardo Lagos relaciona la desaparición del banco con las consecuencias de la Guerra Civil de 1891. La derrota balmacedista afectó las posiciones políticas y laborales de quienes habían respaldado al mandatario, entre ellos la familia Escobar-Morales.
Sin embargo, los documentos permiten distinguir ese impacto político del cierre jurídico de la institución. Leyton sitúa el inicio de su liquidación el 6 de octubre de 1892. El registro oficial consigna que el 30 de noviembre de ese año el Gobierno autorizó la liquidación y disolución del Banco de Caupolicán mediante un convenio con el Banco de Santiago, que asumió sus bienes y obligaciones.
Por ello, no puede afirmarse solamente que el banco quebró como consecuencia de la guerra. Lo comprobado es que la derrota de Balmaceda perjudicó a las familias vinculadas a su causa y que, al año siguiente, el Banco de Santiago tomó el control de la institución y procedió a su liquidación y disolución.

De medio de pago a pieza de colección
Más de 130 años después, los billetes del Banco de Caupolicán continúan apareciendo en el mercado numismático. Dependiendo de la denominación, su conservación y si se trata de una pieza emitida, una prueba de impresión o un excedente sin circular, algunos ejemplares se ofrecen o transan por valores que fluctúan entre aproximadamente $160.000 y $500.000. Las piezas efectivamente emitidas y firmadas pueden alcanzar precios superiores.
Todavía no se ha podido establecer con certeza dónde funcionaba la sede del banco en Rengo. Su ubicación podría encontrarse en antiguos avisos de prensa, documentos notariales o inscripciones de propiedad. Los billetes, en cambio, sobrevivieron.
Dos de ellos terminaron en manos de un futuro presidente de la República. Ricardo Lagos los guardó no por el valor que algún día alcanzarían entre los coleccionistas, sino porque conservaban la memoria del banco en que había trabajado su abuelo y de una familia renguina cuyo destino cambió después de la Guerra Civil de 1891.
















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