El Banco Central decidió en 2009 crear nuevas monedas de $20 y $200 y dio prioridad a esta última para que circulara durante el Bicentenario. Royal Canadian Mint alcanzó a fabricar piezas de muestra. Pero la oposición de Armat, Casa de Moneda y sus trabajadores transformó el proyecto en una disputa por el cobre, el empleo y la industria nacional. Dieciséis años después, parte de sus antecedentes de este proyecto continúa bajo reserva.
La historia comenzó con un documento reservado y, 17 años después, una parte de ella continúa bajo reserva.
El 26 de febrero de 2009, el entonces presidente del Banco Central, José De Gregorio, envió al ministro de Hacienda, Andrés Velasco, el Oficio Reservado N°5.683. El asunto no dejaba dudas: proponía presentar a la Presidenta Michelle Bachelet un proyecto de ley para crear dos nuevas denominaciones, de $20 y $200, e incorporar la tecnología de “multicapas” en los cospeles de las monedas chilenas.
El documento permite aclarar además quién impulsó la iniciativa. La potestad de emitir billetes y acuñar monedas corresponde exclusivamente al Banco Central, que puede contratar su fabricación dentro o fuera de Chile. Ley Orgánica del Banco Central, artículos 28 a 30
Tres semanas antes del oficio de De Gregorio, el 3 de febrero de 2009, el Consejo del Banco había adoptado el Acuerdo N°1460-02-090203. Allí resolvió proponer formalmente a la Presidenta de la República el proyecto de creación de las monedas de $20 y $200 y estableció algo fundamental para esta historia: los $200 tendrían carácter prioritario, porque su diseño estaría asociado al Bicentenario y los plazos eran estrechos para alcanzar a fabricarlos y ponerlos en circulación durante 2010.
El proyecto llegó suficientemente lejos como para convertirse en metal. Una respuesta entregada en septiembre de 2026 por el Banco Central a El Peso de la Historia, mediante la Ley de Transparencia, confirma ahora que Royal Canadian Mint elaboró piezas de muestra de las monedas de $200 y también de $20.
Ninguna llegó al bolsillo de los chilenos.
La moneda de O’Higgins
De los $200 se conocen piezas de ensayo que permiten imaginar cómo habría sido la moneda del Bicentenario.
En una de sus caras aparece Bernardo O’Higgins de perfil, acompañado por el Palacio de La Moneda. Sobre el diseño figuran las fechas 1810-2010 y la inscripción “CHILE 200 AÑOS”. En el borde inferior puede leerse “BERNARDO O’HIGGINS”.
La otra cara es más austera: “CHILE 2010”, una línea vertical y el número 200 dispuesto de arriba abajo sobre la palabra “PESOS”.
Durante años, la existencia y procedencia de estas piezas se conoció principalmente a través del mercado y de coleccionistas. La respuesta obtenida por Transparencia permite avanzar un paso decisivo: el propio Banco Central reconoce que Royal Canadian Mint fabricó muestras para ambas nuevas denominaciones.
Todavía quedan incógnitas. El Banco no informó cuántas piezas se hicieron, cuáles fueron todas sus características técnicas ni si existieron diferentes diseños. Esa información permanece reservada.


Una nueva forma de ordenar las monedas
El proyecto no era simplemente una iniciativa conmemorativa.
El Banco Central quería reorganizar el llamado cono monetario siguiendo la secuencia 1-2-5, utilizada internacionalmente: $10, $20 y $50 en las denominaciones inferiores; $100, $200 y $500 en las superiores.
La lógica era que contar con denominaciones intermedias permitiría utilizar menos piezas en las transacciones y reducir los costos de acuñación, transporte, almacenamiento y manejo del efectivo.
Ese razonamiento aparece ya en el oficio de febrero de 2009 enviado por De Gregorio a Hacienda. El Banco sostenía que los $20 y $200 mejorarían la eficiencia del ciclo de pagos y disminuirían los costos directos e indirectos asociados al dinero metálico.
El 5 de mayo de 2009, el gobierno de Michelle Bachelet recogió la propuesta y envió a la Cámara el proyecto de ley, boletín 6493-05. El propio mensaje presidencial señala que la iniciativa buscaba crear las dos denominaciones, mejorar los aspectos técnicos de una nueva serie de monedas y vincular el proyecto con la celebración del Bicentenario.
Y el programa era bastante más amplio.
Alejandro Zurbuchen, entonces gerente general del Banco Central, explicó ante los diputados que en 2010 se introducirían solamente los $200; en 2011 llegarían los $20; y en 2012 serían renovadas las monedas de $10, $50, $100 y $500. Las piezas de $1 y $5 mantendrían la tecnología existente.
Era, en la práctica, el comienzo del proyecto de una nueva familia de monedas chilenas.
Tres años estudiando el cambio
El Banco llevaba tiempo trabajando en ello.
Juan Montoya, entonces gerente tesorero, señaló ante la Comisión de Hacienda que la institución había evaluado durante casi tres años distintas tecnologías desde las perspectivas técnica, financiera y medioambiental, recurriendo además a asesoría internacional y cooperación con otros bancos centrales.
La razón era principalmente económica. El aumento y la volatilidad del precio de los metales habían elevado el costo de fabricar monedas.
Según los cálculos presentados al Congreso, haber dispuesto de los $20 y $200 durante el programa de acuñación 2008-2009 habría significado un ahorro de US$4,7 millones, fundamentalmente porque se habrían necesitado menos monedas de $10 y $100.
El segundo cambio era tecnológico.
El proyecto contemplaba cospeles de capas múltiples, inicialmente con un núcleo de alrededor de 94% de acero y un 6% de material electrodepositado, que podía incluir níquel, cobre y zinc. La idea era abaratar la producción y entregar al Banco Central mayor flexibilidad para elegir materiales según su costo y funcionalidad.
Ese punto terminaría desencadenando la oposición.
Armat y Casa de Moneda entran a la pelea
La nueva tecnología amenazaba el modelo con que se fabricaban las monedas chilenas.
Armat, instalada en Quilpué, producía cospeles -los discos metálicos antes de ser acuñados- y Casa de Moneda participaba en su transformación en monedas. Ambas tenían mucho que perder si la nueva tecnología dejaba a proveedores chilenos fuera de condiciones de competir.
La ofensiva llegó al Congreso.
A la Comisión de Hacienda concurrieron ejecutivos de Armat junto con los presidentes de sus sindicatos. También participaron dirigentes y funcionarios de Casa de Moneda, además de representantes de Codelco, Procobre y asociaciones empresariales.
El 1 de julio de 2009, la propia Cámara resumía la situación en un titular bastante elocuente: “Sindicatos de Casa de Moneda y ARMAT se oponen a creación de monedas de $20 y $200”.
Los presidentes de los dos sindicatos de Armat advirtieron que más de 200 trabajadores podían perder sus empleos. Los representantes de Casa de Moneda cuestionaron, entre otros aspectos del proyecto, que la tecnología favoreciera a compañías extranjeras y defendieron la capacidad de producir las monedas en Chile.
A ello se agregó un argumento especialmente sensible en Chile: el cobre.
La tecnología propuesta utilizaba mayoritariamente acero. En la Comisión surgió con fuerza la crítica de que la moneda del Bicentenario tuviera escasa participación del principal producto de exportación del país.
El conflicto dejó de ser únicamente técnico. Se convirtió en una discusión sobre empleo, industria nacional, cobre y quién debía fabricar las monedas.
La Comisión de Hacienda terminó rechazando la idea de legislar por seis votos contra tres.
Royal Canadian Mint ya estaba en el proyecto
Había un elemento que entonces no podía conocerse completamente.
La Memoria Anual 2009 del Banco Central registra que el 18 de mayo de ese año -sólo 13 días después del ingreso del proyecto de ley— comenzó un contrato con Royal Canadian Mint por “asistencia técnica”. La memoria registraba originalmente como término el 26 de mayo de 2010.
La respuesta obtenida por Transparencia en 2026 entrega ahora dos antecedentes adicionales sobre el proyecto. El Banco señala que el contrato, identificado con el N°1854, finalmente estuvo vigente hasta el 30 de noviembre de 2013 y confirma que, dentro de ese contrato, Royal Canadian Mint “elaboró piezas de muestras para el Banco para las monedas de $200 y $20”.
Esto no significa que la fabricación masiva ya hubiera sido adjudicada a Canadá. Durante la discusión parlamentaria, Zurbuchen sostuvo que no existía una licitación para producir las futuras monedas.
Pero el nuevo antecedente demuestra que el desarrollo técnico había avanzado hasta las piezas físicas mientras el Congreso todavía discutía si autorizar las nuevas denominaciones.
“Aunque el Estado gaste más”
El proyecto llegó finalmente a la Sala de la Cámara el 6 de mayo de 2010.
Para entonces, la discusión había cambiado completamente.
Los parlamentarios que se opusieron pusieron el acento en la participación de empresas extranjeras, la situación de Armat y Casa de Moneda y la necesidad de proteger los empleos nacionales.
El diputado Pedro Velásquez sintetizó ese argumento de forma particularmente clara. Frente a la posibilidad de que una empresa extranjera pudiera fabricar a menor costo, señaló que era preferible que, “aunque el Estado gaste más”, esos recursos permanecieran en Chile y beneficiaran especialmente a los trabajadores.
La votación fue demoledora. Sólo tres diputados aprobaron el proyecto. Setenta y ocho votaron en contra y dos se abstuvieron. Los votos favorables fueron de Nino Baltolu, José Manuel Edwards y Pablo Lorenzini.
Los $200 del Bicentenario murieron en su primer trámite constitucional. El proyecto nunca pasó al Senado.
La empresa que se intentaba proteger terminó cerrando
La historia tuvo una paradoja posterior. Uno de los principales argumentos utilizados para rechazar las nuevas monedas fue proteger la producción nacional de cospeles y los empleos de Armat.
Pero en enero de 2012, menos de dos años después de la votación, la empresa cerró definitivamente su planta en Quilpué. Cerca de 70 trabajadores que todavía permanecían en ella llegaron y encontraron las instalaciones cerradas.
En las semanas previas, sus trabajadores habían vuelto a recurrir a parlamentarios y autoridades. Incluso entregaron una carta al Presidente Sebastián Piñera solicitando su intervención frente a una licitación de insumos de Casa de Moneda adjudicada a proveedores extranjeros.
No sería correcto decir que el rechazo de los $20 y $200 provocó posteriormente el cierre de Armat. Fueron procesos distintos.
Pero la ironía histórica es evidente: un proyecto del Banco Central fue frenado en buena medida para defender una industria nacional que, poco después, tampoco consiguió sobrevivir frente a la competencia extranjera.
Los secretos que todavía permanecen reservados
La historia parecía cerrada.
No lo estaba.
El 24 de agosto de 2026, El Peso de la Historia pidió al Banco Central mediante la Ley de Transparencia copia de los antecedentes del proyecto: acuerdos del Consejo, estudios técnicos y financieros, información sobre Royal Canadian Mint y documentación sobre diseño, fabricación, cantidad, composición e imágenes de las muestras de $20 y $200.
La respuesta entregó dos documentos fundamentales: el Acuerdo de Consejo N°1460-02-090203 y el Oficio Reservado N°5.683 de José De Gregorio a Andrés Velasco.
También confirmó oficialmente algo que hasta entonces sólo podía reconstruirse a partir de piezas numismáticas y antecedentes dispersos: Royal Canadian Mint fabricó muestras de las dos denominaciones.
Pero el Banco rechazó entregar buena parte de la información restante.
Para negar acceso a los estudios técnicos, económicos y financieros invocó el artículo 21 N°3 de la Ley de Transparencia. Según la respuesta, revelar las tecnologías, materiales y parámetros considerados podría comprometer medidas de seguridad asociadas al efectivo y, por esa vía, “afectar la seguridad de la Nación”.
La misma reserva fue aplicada a los antecedentes sobre diseño, fabricación, prototipos, muestras y pruebas de acuñación. El Banco argumentó que esa información podría facilitar falsificaciones, reproducciones fraudulentas o usos indebidos.
Han pasado más de 16 años desde que el Congreso rechazó las denominaciones. Las monedas de $20 y $200 nunca adquirieron curso legal. Las piezas que sobrevivieron son muestras de un proyecto que quedó detenido antes de llegar a los bolsillos de los chilenos.
Sin embargo, parte de su historia continúa protegida.
La moneda de $200 del Bicentenario nunca llegó a circular. Sus secretos, en cambio, todavía están bajo llave.
















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