El misterio del peso fechado en 1883 que Chile acuñó 43 años después

peso 1883 acuñó 43 años después

En 1925 y 1926, la Casa de Moneda acuñó 861.000 pesos de plata con fecha 1883. SURDOC señala que habrían sido preparados para cubrir una eventual indemnización a Perú por Tacna y Arica. El plebiscito nunca se realizó y la mayoría de las piezas fue fundida en 1927.


Hay monedas que mienten sobre su propia fecha de nacimiento. Es el caso de un peso chileno de plata que lleva grabado el año 1883, pero que, según la ficha de SURDOC, salió de las prensas de la Casa de Moneda de Santiago 43 años después, en 1926.

Su historia, reconstruida a partir de catálogos numismáticos, registros patrimoniales y documentos diplomáticos, es la de una moneda fantasma: habría sido acuñada para cubrir un pago que nunca llegó a realizarse y la mayoría de sus ejemplares terminó en el crisol.

La explicación consignada en los archivos del Museo de Artes Decorativas —y compatible con las fechas y características registradas en catálogos numismáticos posteriores, tanto privados como del Banco Central de Chile— apunta a un motivo geopolítico: estas monedas se habríanb preparado para cubrir una eventual indemnización a Perú, relacionada con las secuelas de la Guerra del Pacífico (1879-1883).

El número 3 revelaba su verdadera edad

La pieza está documentada en una ficha de SURDOC, el sistema de registro de las colecciones de los museos chilenos. Pertenece al Museo de Artes Decorativas, pesa 24,9 gramos, mide 37,5 milímetros de diámetro y fue acuñada en plata por la Casa de Moneda de Santiago.

En una de sus caras aparece un cóndor con las alas extendidas. El ave sostiene un escudo ovalado y conserva restos de eslabones de una cadena en el pico y las garras. En la otra se encuentra el escudo nacional rodeado por ramas de laurel.

El diseño fue realizado inicialmente por el grabador inglés John Sherriff y modificado posteriormente por el francés Jean Bainville, quien trabajó en la Casa de Moneda de Santiago. Por su pecho prominente, este cóndor es conocido entre los coleccionistas como el “pechugón”.

A simple vista, la pieza podría confundirse con las fabricadas efectivamente en 1883. Pero un pequeño detalle permite reconocerla: en las monedas originales, la parte superior del número 3 es redonda; en el ejemplar acuñado en 1926 es plana. También cambia la orientación entre sus dos caras.

De acuerdo con Monedas de Chile. Catálogo Numismático Nacional, de Rafael Toro, esta no fue una acuñación aislada. En 1925, la Casa de Moneda produjo 712.000 pesos de plata fechados en 1883. Durante 1926 fabricó otros 149.000.

En total fueron 861.000 monedas que conservaban una fecha correspondiente a más de cuatro décadas antes. Todas mantenían las características esenciales del antiguo peso: alrededor de 25 gramos, 37 milímetros de diámetro y plata de ley 0,900.

Entre las referencias utilizadas por SURDOC aparece Las monedas chilenas, de José Toribio Medina. Publicada en 1902, la obra es un antecedente fundamental para conocer el diseño y la historia del tipo monetario. Por razones cronológicas, sin embargo, Medina no pudo referirse a las acuñaciones de 1925 y 1926 ni a su posible relación con Perú.

Moneda acuñada en 1883. Colección del Museo de Artes Decorativas / SURDOC
1883 Peso Chile
Peso de plata fechado en 1883, pero acuñado realmente en 1926. La parte superior plana del número 3 permite diferenciarlo de las piezas originales. Museo de Artes Decorativas, Colección Garcés Silva. Fuente: SURDOC.

Una cuenta pendiente desde la Guerra del Pacífico

Para comprender por qué Chile pudo necesitar monedas de plata con las características de 1883 hay que retroceder hasta la Guerra del Pacífico.

El conflicto comenzó en 1879, después de una prolongada disputa territorial y económica por las riquezas salitreras del desierto de Atacama. La decisión de Bolivia de imponer un nuevo tributo a una compañía chilena agravó la crisis. Perú ingresó a la guerra debido a la alianza defensiva que mantenía con Bolivia.

Después de la ocupación de Lima y de varios años de combates, Chile y Perú firmaron el Tratado de Ancón el 20 de octubre de 1883, durante la presidencia de Domingo Santa María.

Perú cedió definitivamente a Chile la provincia de Tarapacá. Tacna y Arica, en cambio, quedarían bajo administración chilena durante diez años. Una vez cumplido ese plazo, un plebiscito debía determinar a qué país pertenecerían.

El artículo tercero estableció también una obligación económica: el país que obtuviera ambas provincias pagaría al otro diez millones de pesos chilenos de plata o soles peruanos de igual ley y peso.

El tratado dejó para un protocolo posterior la organización de la consulta y las condiciones del pago. Pero los diez años vencieron en 1894 sin que el plebiscito se realizara. Chile y Perú no consiguieron ponerse de acuerdo sobre quiénes podían votar, cómo se confeccionarían los registros electorales y qué garantías tendría cada parte.

Una solución concebida como transitoria terminó convertida en una controversia diplomática que se prolongó durante más de tres décadas.

Calvin Coolidge vuelve a poner 1883 sobre la mesa

Presidente de los EE.UU. Calvin Coolidge en 1924. (Crédito: Wikipedia)

En 1922, Chile y Perú acordaron someter la disputa al arbitraje del presidente de Estados Unidos. La decisión quedó finalmente en manos de Calvin Coolidge, quien entregó su laudo el 4 de marzo de 1925.

El mandatario estadounidense determinó que el plebiscito todavía podía efectuarse y estableció cómo se pagarían los diez millones contemplados en el Tratado de Ancón.

El país favorecido por la votación debía entregar un millón dentro de los diez días siguientes a la proclamación del resultado. Un segundo millón sería pagado durante el año posterior y los ocho millones restantes se dividirían en cuatro cuotas anuales de dos millones.

El laudo incorporó un detalle fundamental para esta historia: el pago podía efectuarse en soles peruanos de plata o en moneda chilena de plata equivalente al tipo que circulaba el 20 de octubre de 1883, día en que se había firmado la paz.

Además, las rentas de la Aduana de Arica quedarían como garantía del cumplimiento de la obligación.

Las condiciones fueron reproducidas en la página 5 de La Nación del 10 de marzo de 1925.

La secuencia resulta sugerente: el laudo exigió una moneda equivalente a la que circulaba cuando se firmó el tratado y, ese mismo año, Chile volvió a producir el antiguo peso de 25 gramos y plata de ley 0,900.

Un país agitado

La decisión ocurrió durante uno de los años más convulsionados de la historia política chilena.

En septiembre de 1924, una intervención militar había forzado la salida del presidente Arturo Alessandri Palma, quien partió al exilio. Una Junta de Gobierno asumió el poder, pero fue desplazada en enero de 1925 por otro movimiento militar.

El nuevo gobierno provisional quedó encabezado por el abogado y diplomático Emilio Bello Codesido. Fue durante su administración cuando se conoció el laudo de Coolidge.

Alessandri regresó y reasumió la Presidencia el 20 de marzo de 1925. No era aún la República Socialista —que se instalaría brevemente en 1932—, pero sí un país sacudido por pronunciamientos militares, gobiernos provisionales y la crisis del régimen parlamentario.

El mandatario impulsó una nueva Constitución, promulgada en septiembre de 1925, que restableció el sistema presidencial. Sin embargo, las tensiones con los militares continuaron y Alessandri volvió a abandonar el cargo en octubre, antes de concluir su mandato.

En medio de esa inestabilidad, Chile reorganizó también su sistema financiero y monetario. La misión encabezada por el economista estadounidense Edwin Walter Kemmerer propuso crear una institución que concentrara la emisión de dinero y regulara el crédito.

El 22 de agosto de 1925, Alessandri promulgó el Decreto Ley 486, que creó el Banco Central de Chile. La institución abrió sus puertas al público el 11 de enero de 1926, mientras se fabricaba la segunda partida de pesos fechados en 1883.

Las monedas surgieron, por tanto, en la intersección de tres procesos: el intento por recuperar la estabilidad política, la creación de una nueva institucionalidad monetaria y la necesidad de resolver uno de los últimos problemas pendientes de la Guerra del Pacífico.

Una hipótesis sólida, pero todavía no definitiva

SURDOC señala que el ejemplar de su colección fue acuñado realmente en 1926 y agrega que “se supone” que estas monedas fueron preparadas para compensar a Perú.

La hipótesis tiene varios antecedentes a su favor: la fecha fijada por el laudo, la composición exigida para el eventual pago y la decisión de volver a fabricar el peso de 1883 inmediatamente después del pronunciamiento de Coolidge.

Pero todavía falta un documento definitivo: una orden de acuñación, un oficio del Ministerio de Hacienda o un antecedente de la Casa de Moneda que señale expresamente que las piezas serían destinadas a Perú.

También existe una diferencia entre el monto del primer pago y las cantidades acuñadas. Los 861.000 pesos fabricados en 1925 y 1926 no alcanzaban para completar la primera cuota de un millón. Podían constituir una preparación inicial, complementarse con monedas disponibles o responder simultáneamente a otras necesidades monetarias.

Por eso, lo riguroso es presentar su destino como una explicación respaldada por la documentación numismática y coherente con el laudo, pero no como un hecho completamente demostrado.

El plebiscito que nunca se realizó

Las diferencias entre Chile y Perú terminaron frustrando el plebiscito. Las acusaciones sobre la ausencia de garantías hicieron imposible efectuar la consulta y el mecanismo establecido en Ancón quedó definitivamente abandonado.

La solución llegó cuatro años después.

El 3 de junio de 1929, bajo las presidencias de Carlos Ibáñez del Campo en Chile y Augusto Leguía en Perú, ambos países firmaron el Tratado de Lima.

Tacna volvió a la soberanía peruana y Arica quedó definitivamente bajo soberanía chilena. El acuerdo reemplazó la fórmula del plebiscito y estableció una obligación diferente: Chile entregaría a Perú seis millones de dólares, además de las obras públicas y los bienes fiscales situados en el territorio que regresaba a manos peruanas.

El peso fechado en 1883 no terminó pagando aquella cuenta. Según SURDOC, al no prosperar su propósito, el gobierno decidió refundir estas piezas en 1927 para fabricar las monedas de cinco pesos contempladas en la Ley 4.111. El catálogo de Rafael Toro también consigna que la mayoría de las monedas producidas en 1925 y 1926 terminó fundida.

Los pocos ejemplares que sobrevivieron conservan una historia difícil de descubrir a simple vista. Fueron acuñados más de cuatro décadas después de la fecha que muestran, en un país políticamente agitado, mientras Chile creaba su Banco Central e intentaba cerrar los últimos escollos dejados por la Guerra del Pacífico.

Su verdadera edad quedó escondida en un detalle diminuto: la parte superior plana del número 3.

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