El 16 de julio de 1925, cinco anarquistas españoles irrumpieron armados en la sucursal Matadero del Banco de Chile realizando el primer asalto bancario en el país y huyeron con cerca de $47 mil en un automóvil Hudson. El golpe ocurrió semanas antes de la creación del Banco Central. Uno de sus autores era Buenaventura Durruti, futura figura de la Guerra Civil española.
“Tras la escena de terror de manos armadas y amenazantes voces, vino el saqueo en la caja de caudales y una persecución accidentada y trágica”. Con ese extenso titular, el diario La Nación informó el 17 de julio de 1925 sobre un delito que parecía extraído de una película.
La tarde anterior, cinco hombres armados habían ingresado a la sucursal Matadero del Banco de Chile, ubicada en calle San Diego, en el actual barrio Franklin de Santiago. Tras apoderarse del dinero disponible, escaparon en un automóvil Hudson mientras disparaban contra quienes intentaban perseguirlos.
Era un tipo de crimen desconocido en el país. La propia portada de La Nación sostuvo que el “audaz asalto” marcaba “la iniciación de una nueva etapa en la criminología del país”. Con el tiempo, el episodio sería considerado el primer asalto a mano armada contra una sucursal bancaria registrado en Chile.

El automóvil Hudson
El golpe comenzó cerca de las 13:15. Según las reconstrucciones posteriores, uno de los asaltantes abordó en la Plaza de Armas un automóvil de alquiler Hudson azul, patente 2525, conducido por Enrique Barscof —su apellido también aparece escrito como Barcoj—, y pidió dirigirse hacia calle San Diego.
Mientras los empleados de la sucursal se preparaban para almorzar, los cinco hombres entraron al banco. Uno de ellos llevaba un antifaz de cuero y portaba dos pistolas. El cajero Carlos Thompson inicialmente habría pensado que se trataba de una broma, pero alcanzó a activar la alarma antes de refugiarse bajo el mostrador.
Los asaltantes saltaron las rejas que separaban las cajas del público y recogieron el dinero que encontraron. No lograron acceder a la bóveda principal, por lo que tuvieron que conformarse con el efectivo disponible en las cajas.
La cifra del botín cambia según la fuente. Algunas publicaciones hablaron de $30 mil y otras redondearon el monto en $50 mil. Los antecedentes de la policía chilena citados posteriormente por los historiadores Abel Paz y Osvaldo Bayer lo situaron en $46.923.
Al salir del banco, los asaltantes subieron al Hudson y obligaron al conductor a emprender la fuga. Varios empleados intentaron detenerlos. Algunos consiguieron aferrarse a la parte posterior del vehículo, pero los ocupantes abrieron fuego para obligarlos a soltarse.
El funcionario Alfredo Muñoz resultó gravemente herido, mientras que el segundo cajero, Domingo Pérez, recibió un disparo en una mano. Un policía inició la persecución en otro automóvil, pero debió abandonarla ante los tiros realizados desde el Hudson.
Un chofer bajo sospecha
Horas después, Barscof se presentó ante la policía con el automóvil marcado por los disparos. Declaró que había sido amenazado y obligado a conducir a los asaltantes. Sin embargo, en lugar de ser tratado inmediatamente como víctima, fue detenido como posible integrante de la banda.
El gran titular de La Nación planteaba precisamente la duda: “El chauffeur que está detenido, ¿es un instrumento inocente o un cómplice aleccionado y cínico?”.
Barscof permaneció incomunicado mientras se investigaba su participación. Su situación se complicó porque tenía billetes similares a los robados, pero explicó que correspondían al pago que los asaltantes le habían hecho por la carrera. Finalmente, la investigación no logró acreditar que formara parte del grupo.
La policía tampoco consiguió identificar de inmediato a los autores. La principal evidencia encontrada en la sucursal habría sido el antifaz de cuero abandonado durante la huida. La prensa comenzó a denominar a los desconocidos como “Los Apaches”, expresión utilizada entonces para describir a delincuentes violentos que empleaban métodos atribuidos al hampa europea.
Los anarquistas que llegaron a Valparaíso

Los responsables no eran delincuentes comunes. Se trataba de Buenaventura Durruti, los hermanos Francisco y Alejandro Ascaso, Gregorio Jover y Antonio Rodríguez, también identificado como Gregorio Martínez. Pertenecían al anarquismo español y habían formado parte del grupo Los Solidarios. Durante su recorrido por América Latina adoptaron el nombre de Los Errantes.
Habían salido de España debido a la persecución de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Antes de llegar a Chile realizaron asaltos en México y Cuba. Tras robar el Banco de Comercio de La Habana, viajaron a Valparaíso en el vapor Oriana, que arribó el 9 de junio de 1925.
De acuerdo con un informe de la policía chilena reproducido por el biógrafo Abel Paz, los españoles realizaron distintos trabajos durante su permanencia en el país. La dueña de la pensión donde vivieron los describió como hombres educados que hablaban permanentemente sobre luchas sociales y decían recorrer América para conseguir fondos destinados a combatir a la monarquía española.
La identidad de los asaltantes se estableció meses más tarde, cuando la policía chilena entregó sus antecedentes a las autoridades argentinas. Los españoles habían cruzado la cordillera a comienzos de agosto y continuaron realizando asaltos en Buenos Aires. La colaboración con la policía de Barcelona permitió finalmente conocer sus nombres verdaderos.
Un robo en la víspera del Banco Central
El dinero sustraído pertenecía a un sistema monetario que estaba a punto de cambiar. El asalto ocurrió el 16 de julio de 1925 y el Banco Central de Chile fue creado mediante el Decreto Ley 486 del 21 de agosto de ese mismo año: apenas 36 días después.
La institución abrió sus puertas al público el 11 de enero de 1926. Por lo tanto, el botín no contenía billetes emitidos por el Banco Central. En ese momento todavía circulaban los billetes fiscales y las monedas del antiguo régimen monetario.
Los antecedentes conocidos no detallan las denominaciones encontradas en las cajas ni permiten vincular algún billete conservado actualmente con el asalto. Lo que sí se sabe es que el golpe ocurrió justo cuando Chile preparaba una reforma destinada a ordenar la emisión, estabilizar el peso y entregar a una sola institución el derecho de fabricar billetes.
El destino final del dinero tampoco está documentado completamente. Abel Paz sostiene que Antonio Rodríguez abandonó Chile después del asalto y que los $46.923 fueron enviados a Europa para financiar la lucha clandestina contra Primo de Rivera. La afirmación forma parte de la historia del grupo, pero no fue comprobada por la investigación policial chilena.
De Santiago a la Guerra Civil española
Once años después, algunos de los hombres que entraron armados a la sucursal Matadero ocuparían posiciones relevantes en la Guerra Civil española.
Francisco Ascaso murió el 20 de julio de 1936 durante los combates contra las fuerzas sublevadas en Barcelona. Gregorio Jover comandó posteriormente la Columna Ascaso y la 28ª División del Ejército republicano.
Buenaventura Durruti encabezó una de las principales columnas anarquistas, combatió en el frente de Aragón y en noviembre de 1936 se trasladó a Madrid para colaborar en la defensa de la capital. Fue herido de bala el 19 de noviembre cerca de la Ciudad Universitaria y murió al día siguiente. Las circunstancias exactas del disparo continúan siendo discutidas.
Su multitudinario funeral en Barcelona lo convirtió definitivamente en uno de los grandes símbolos del anarquismo español. En Chile, sin embargo, su nombre permaneció oculto durante meses detrás del apelativo empleado por la prensa.
Cuando La Nación publicó los dibujos del hombre enmascarado saltando sobre las rejas del banco y del Hudson escapando por las calles de Santiago, todavía no sabía que uno de aquellos “Apaches” se transformaría en una de las figuras más reconocibles de la Guerra Civil española. Tampoco que los billetes sacados de una caja del Banco de Chile integrarían uno de los capítulos más singulares de la historia monetaria y criminal del país.
















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