Rafael Toro, creador del catálogo Monedas de Chile: “Mi aporte ha sido facilitar el acceso a la información”

Rafael Toro

El autor de “Monedas de Chile. Catálogo Numismático Nacional” es el primer entrevistado de una serie que destaca a quienes han aportado a la numismática chilena. ¿Por qué él? Fue el primer catálogo que tuve en mis manos cuando comenzaba en este mundo y he visto cómo todos lo utilizan en sus conversaciones. “Mi principal aporte ha sido facilitar el acceso a la información”, afirma con modestia Rafael Toro.


Una moneda de un peso de 1927 y una medalla de la Colecta Pública Pro Reconstrucción del Huáscar, realizada en 1924, acompañan a Rafael Toro desde su infancia. Las recibió alrededor de 1980 de manos de un familiar muy querido, que era periodista y coleccionaba principalmente estampillas.

En ese momento creyó que aquel peso antiguo podía valer una fortuna. Con los años comprendió que su importancia no estaba necesariamente en el precio, sino en la historia que guardaba.

Toro vive en Iquique, pasó más de tres décadas en la Fuerza Aérea de Chile, y dice ser un coleccionista más. Sin embargo, se ha convertido en una figura conocida por su trabajo de investigación y, especialmente, por la publicación de Monedas de Chile. Catálogo Numismático Nacional.

La primera edición apareció en 2021, después de que un archivo digital que preparó para facilitar gratuitamente las consultas de las emisiones chilenas comenzara a circular de mano en mano por internet. Luego vino una segunda edición en 2023 y la tercera en 2025, que incorporó información hasta 2024.

-¿Cómo comenzó tu interés por las monedas?

-El interés por coleccionar lo tenemos todos. Cuando somos niños juntamos juguetes, autitos o álbumes. En mi caso influyó un familiar muy querido, que era periodista. Él coleccionaba principalmente estampillas y tenía algunas monedas.

Alrededor de 1980 llegaron a mis manos un peso de 1927 y una medalla de la colecta del Huáscar de 1924. Todavía conservo esas dos piezas. En ese momento uno piensa que una moneda de 1927 es un tesoro y que tiene un valor económico muy alto. Es la ingenuidad de un niño.

Después se fueron sumando otras piezas: pesos de cobre, centésimos y monedas de distintos años. Así formé una pequeña colección, aunque en realidad era más bien una acumulación. Para hablar de una colección tiene que existir cierto orden.

-¿Cuándo comenzaste a coleccionar de una manera más sistemática?

-Entre 2010 y 2012. En una reunión familiar surgió el tema de la moneda de 2000 pesos. Yo había leído algo, sabía que existía y terminé comprándola. Ahí renació el interés y comencé a coleccionar en serio: buscar monedas, comprarlas, leer, estudiar y preguntar.

-¿Cómo surgió la idea de elaborar Monedas de Chile?

-Durante décadas, los catálogos de Krause fueron una especie de biblia de la numismática mundial. Eran grandes compendios, divididos por periodos, que incluían monedas de todos los países. El problema era que para alguien que comenzaba a coleccionar monedas chilenas significaba revisar varios tomos y reunir información que estaba dispersa.

Además, fui encontrando errores y omisiones. En una feria de Iquique compré un lote en el que venía una moneda de 20 centavos de 1900. La busqué en la edición de Krause que tenía y no aparecía. Le pregunté a Sergio Rojas, uno de mis mentores, y me respondió: “Rafa, le pegaste el palo al gato”. Era una moneda difícil de encontrar.

Entonces pensé: ¿por qué no preparar un resumen dedicado exclusivamente a Chile, gratuito y digital?

-¿Ese fue el origen del primer catálogo?

-Sí. Preparé un PDF y lo compartí gratuitamente. La idea era que sirviera a los coleccionistas, especialmente a quienes estaban comenzando. Algunos amigos me dijeron que, si ya había realizado todo ese trabajo, podía transformarlo en un catálogo impreso y producido de manera más profesional. Ahí me lancé con todo.

-¿Qué trabajo demandó preparar la primera edición?

—Fui investigando, preguntando y buscando información en distintas fuentes. Aparecieron los libros de José Toribio Medina, las memorias de la Casa de Moneda, otros catálogos y diferentes páginas especializadas.

Una de las partes más largas fue conseguir fotografías y las autorizaciones para utilizarlas. Un catálogo profesional no podía incorporar imágenes sin considerar sus derechos. Me contacté con casas de subastas como Heritage y Áureo & Calicó, además de Al Sur del Mundo. Christian Galeas y otros coleccionistas también me facilitaron fotografías.

Después vino el trabajo de comparar los antecedentes. Muchas veces una misma información aparece en dos fuentes, pero las cifras o los datos no coinciden. La primera edición formal requirió entre un año y medio y dos años de trabajo.

-¿Cómo realizó la edición?

-Lo hice todo en Word. Colocando la información, ordenándola y compaginándola. Después tuve que aprender sobre las exigencias de la imprenta, el formato PDF, los colores y una serie de aspectos técnicos que desconocía. Fue un proceso completamente artesanal.

-La primera edición fue publicada en 2021. ¿Cómo evolucionó el catálogo?

—La primera tenía una portada azul; la segunda, publicada en 2023, fue roja. Para la tercera pensé que no podía seguir simplemente con una portada blanca, verde o de otro color que no tuviera relación con Chile. Finalmente decidí utilizar la bandera como fondo y me encantó el resultado.

La tercera edición, publicada en 2025, es para mí un sueño cumplido. Se preparó también una edición especial en tapa dura que se agotó en menos de 24 horas. Yo no lo podía creer.

-¿Habrá una nueva edición?

-No creo que ocurra en el corto plazo. Tal vez en unos cinco años, cuando exista un número suficiente de novedades que justifique otra publicación.

Eso no significa que el trabajo esté detenido. Tengo un archivo para una futura edición que actualizo permanentemente. Cuando encuentro información en internet, en un libro o a través de otro coleccionista, la comparo y trato de buscar una fuente confiable. Cuando estoy seguro, la incorporo.

Hace poco, por ejemplo, Christian Galeas publicó en un anuario antecedentes sobre diferencias de peso en las monedas de ½ décimo, 1 décimo y 20 centavos. Esa información no aparecía en los catálogos anteriores y ya está incorporada en el archivo de trabajo.

-¿Cuál crees que ha sido su principal aporte a la numismática chilena?

-Facilitar el acceso a la información. Desde el comienzo quise que el catálogo sirviera como una herramienta de consulta para todos los coleccionistas.

También creo que ha contribuido a la difusión. Hay personas que no son coleccionistas y que han comprado el libro porque encuentran interesante la historia, las fotografías y la información sobre las monedas. Eso demuestra que puede llegar más allá del mundo numismático.

Para mí, ese es el principal aporte: la difusión y la posibilidad de acceder de manera más sencilla a la información.

-Después de estudiar durante años las monedas chilenas, ¿cuál es su favorita?

-Esa es una pregunta difícil. Una de ellas es el peso de 1933, porque es una moneda que está en prácticamente todas las colecciones. No es necesariamente una pieza de gran valor económico, pero suele acompañar a quienes comienzan.

También me gusta mucho la moneda de 5 pesos de 1927. Es una pieza grande, de plata y muy bonita; puede considerarse como el último gran “duro” de plata chileno.

Y está el Peso Independiente de 1817, por toda la historia que representa. Durante mucho tiempo fue una moneda que deseaba tener hasta que finalmente pude comprarla.

Mientras sigamos encontrando nuevas piezas o variantes, nuevos antecedentes o, simplemente, nuevas preguntas, la historia de la moneda chilena nunca estará completamente escrita.

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