Los billetes del Banco Mobiliario y el “Juanito Yarur” del siglo XIX que organizó la fiesta más fastuosa de Santiago
Los billetes del Banco Mobiliario abren una ventana a la banca privada chilena del siglo XIX y a Emeterio Goyenechea, una suerte de “Juanito Yarur” de su época. Heredero, coleccionista y dueño de una célebre residencia en Valparaíso, en 1856 ofreció en Santiago el banquete más fastuoso conocido hasta entonces, con 800 invitados.
Un niño aparece retratado en el costado izquierdo de un billete de diez pesos del Banco Mobiliario. A la derecha se observa una escena protagonizada por un hombre y sus llamas. En medio de ambas imágenes, rodeada por grabados y elaborados diseños geométricos, se encuentra la promesa que sostenía el valor de aquel papel: el banco pagaría al portador y a la vista diez pesos en moneda corriente.
El billete fue impreso por la American Bank Note Company de Nueva York y podía ser presentado para exigir su conversión en dinero metálico. No existía todavía el Banco Central y distintas instituciones financieras estaban autorizadas para poner en circulación sus propios billetes.

El Banco Mobiliario fue una de ellas. Creado en 1869 y establecido en Santiago, tuvo entre sus principales accionistas con un 14% de la propiedad a Emeterio Goyenechea Gallo. Una participación suficientemente relevante para influir en la propiedad y gestión de la institución financiera.
Si hubiera que explicar actualmente quién fue Emeterio Goyenechea, podría describírselo -con todas las diferencias propias de cada época- como una suerte de “Juanito Yarur” del siglo XIX.
Ambos heredaron importantes fortunas, ingresaron muy jóvenes a la crónica social mediante celebraciones multitudinarias y convirtieron el coleccionismo de arte en una parte de su identidad pública. Yarur llegó a la portada de la revista Cosas después de festejar sus 18 años ante 500 invitados en 2002; Goyenechea hizo hablar a Santiago con un banquete para unas 800 personas en octubre de 1856. Uno reunió arte contemporáneo y creó una fundación; el otro compró grandes óleos de Monvoisin y levantó una residencia considerada la más suntuosa de Valparaíso.

El heredero de una fortuna minera
Emeterio Goyenechea pertenecía a una de las familias más ricas de Chile. Su padre, Ramón Ignacio Goyenechea, había acumulado una considerable fortuna mediante la minería, las propiedades agrícolas y distintas operaciones comerciales en Copiapó. Cuando murió, en 1840, dejó como herederos a su viuda, María de la Luz Gallo, y a sus hijos Emeterio e Isidora.
En 1841, María de la Luz contrajo matrimonio con Matías Cousiño. Este se convirtió en tutor de los niños y administrador de los bienes familiares. La decisión de entrar en política, llevóa Matías Cousiño a venirse a Santiago adquiriendo una enorme casa colonial en la calle Huérfanos. Su hijo Luis Cousiño y su hijastro, Emeterio, completaron sus estudios en el Instituto Nacional. Durante los años siguientes don Matías manejó e incrementó el patrimonio, hasta que Emeterio alcanzó la mayoría de edad en 1855 y pudo hacerse cargo de sus propiedades.
Su riqueza procedía principalmente de su padre, aunque fue administrada y acrecentada por su padrastro. Isidora Goyenechea se casó con Luis Cousiño, hijo de Matías y, por tanto, su hermanastro por afinidad. Pero esa es otra gran historia. La historia económica de esta unión familiar está desarrollada en el estudio “La familia Cousiño-Goyenechea, 1810-1940”.
Cuando recibió la administración de sus bienes, Emeterio pasó a figurar como propietario, inversionista y accionista. Su relación con el Banco Mobiliario vinculó su nombre con una de las instituciones autorizadas para transformar el crédito privado en dinero circulante. Sin embargo, su notoriedad no provino únicamente de los negocios.

El banquete del que habló todo Santiago
En octubre de 1856, con poco más de veinte años, Emeterio Goyenechea ofreció una celebración para cerca de 800 invitados. Los historiadores Simon Collier y William Sater la describen como el banquete más fastuoso visto hasta entonces en Santiago: hubo fuentes, efectos especiales de iluminación y dos bandas de la Guardia Nacional. Entre los invitados había autoridades políticas, grandes empresarios, escritores y personajes de la sociedad santiaguina. La expresión que usaron los cronistas fue que había asistido le tout Santiago: “hombres de Estado, ricos capitalistas, literatos, leones, dandys“.
El acontecimiento fue comentado por El Ferrocarril en sus ediciones del 17 y 20 de octubre de 1856. Según Collier y Sater, durante esa semana la celebración llegó a competir en las conversaciones de la capital con la llamada cuestión del sacristán, una controversia política y religiosa que contribuyó a dividir al conservadurismo chileno. Los antecedentes aparecen en el libro A History of Chile, 1808-2018.

Monvoisin, Vivaceta y una casa desaparecida
Su interés por el arte está bien documentado. Emeterio reunió importantes pinturas de Raymond Quinsac Monvoisin, uno de los artistas extranjeros más influyentes del siglo XIX chileno. Entre las obras vinculadas con su colección figuraban La última noche de los girondinos, Aristómene y El pescador.
Benjamín Vicuña Mackenna sostuvo que Marcial González vendió a Goyenechea las dos primeras pinturas por un total de 200 onzas de oro. Los registros del Museo Nacional de Bellas Artes confirman que Aristómene pasó desde González a Emeterio, luego a Isidora Goyenechea y finalmente a sus herederos.
Formó una colección costosa y conocida, cuyos cuadros, propietarios y precios fueron consignados por los cronistas.
La arquitectura fue otra manifestación visible de su fortuna. En Valparaíso encargó a Fermín Vivaceta la construcción de su residencia. De acuerdo con las crónicas citadas por Memoria Chilena, fue considerada la casa más suntuosa de la ciudad en su época. El edificio desapareció a consecuencia del terremoto de 1906, al igual que otras obras porteñas del arquitecto.
Reseñas patrimoniales atribuyen también a Goyenechea el inmueble construido por Vivaceta en 1874 en la calle del Cabo, actual calle Esmeralda, que albergó al Hotel de France.
En Melipilla se le recuerda por ser benefactor y de haberse hecho cargo del hospital local.

La fortuna que finalmente recibió Isidora
Emeterio Goyenechea murió en 1884 sin hijos. Después de su fallecimiento se produjo una controversia por sus bienes y su hermana Isidora terminó adjudicándose el patrimonio. El proceso fue un verdadero reality actual que fue seguido por los santiaguinos.
De hecho, se publicó un volumen: Herencia de don Emeterio Goyenechea: escritos presentados en esta causa, en 1885, en que se reúne las argumentaciones presentadas durante aquel litigio.
Los billetes del Banco Mobiliario permiten unir todas estas dimensiones. Son vestigios de una época en que los bancos privados podían emitir su propio dinero, pero también conducen a uno de los personajes más singulares de la sociedad chilena del siglo XIX.

